En el amor, al igual que en otras facetas de la vida, este nativo siempre huye de las prisas. Se puede decir que Tauro es un verdadero artista de la seducción lenta. Sabe bien cómo poco a poco ir minando las barreras que le separan del cuerpo que tanto desea saborear, pero siempre sin mostrar el menor síntoma de ansiedad.
A primera vista este signo puede parecer un tanto vicioso y aficionado a vivir experiencias placenteras. Pero la verdad es que rara vez amor y sexo se presentan de forma separada en este nativo. Su sabiduría natural le ha enseñado que sin el componente amoroso, el sexo deja mucho que desear, y Tauro al respecto es un gran gourmet Y la cosa no queda nunca ahí. Tras el amor viene siempre el compromiso. Todo lo que a Tauro le gusta y llega a tener al menos una vez en sus manos, raro es que se le escape. Un nativo típico de este signo, tras un primer encuentro amoroso, seguramente sienta la necesidad de exponer a su amante todas y cada una de las ventajas que por derecho natural acaba de obtener.
Con semejante comportamiento cabe esperar que los celos y la posesividad ocupen un primer plano dentro de la vida amorosa de este signo. Al igual que este nativo ofrece a su pareja una verdadera y franca fidelidad, su mirada no se apartará ni un instante de los posibles flirteos con los que podría intentar divertirse su amado. Mejor será que ni siquiera se intente o de lo contrario se verá demasiado de cerca lo que es una auténtica embestida de Toro bravo. Y no habrá una segunda oportunidad. Todo lo que haga este nativo será siempre de forma definitiva y rotunda.
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