Los sueños son la actividad cerebral ocurrida mientras el resto del organismo se mantiene en reposo. Cuando el ser humano reposa, también sueñan sobre todo los mamíferos, el cuerpo queda sumido en un letargo que relaja toda actividad voluntaria, pues la conciencia también se apaga. Sin embargo, la mente permanece en actividad, pues a lo largo del día transcurrido han llegado al cerebro infinidad de percepciones a través de los sentidos, de imágenes creadas por la conciencia o de pensamientos espontáneos e ideas procedentes de ensoñaciones diurnas. Todo ese caudal de datos, de información, de imágenes, se acumula en la mente, en el alma, que durante el descanso criba ese caudal de percepciones. Otra función importante de los sueños es la de recapacitar, analizar y encaminarnos en pos de un fin, sea para decidirnos por adoptar una postura determinada, sea para descartar una idea tal vez temeraria, sea para percatarnos de que la compañía de ciertas personas resulta más dañina que beneficiosa. De ese modo, tras una noche de sueños en los que el inconsciente escenifica las potenciales consecuencias de una idea deficientemente sopesada, la conciencia despierta de una forma más lúcida y podemos seguir adelante o rectificar con un conocimiento de los riesgos mayor que antes de ir a dormir.
No existe una respuesta científica al beneficio que representan los sueños para el cuerpo, aunque la constatación empírica de que los sueños acuden al lecho y al alma de todo aquel que duerma varias veces todas las noches, desde antes de nacer hasta la expiración, advierte que soñar es algo que forma parte de la naturaleza no sólo humana sino también de otras especies, como el miedo, el hambre, la alegría, el llanto, la pena y la emoción. Soñar es un fenómeno propio del organismo humano que se produce de manera natural cuando estamos en reposo, aunque conviene preguntarse si los sueños tienen un sentido como tales, al margen de teorías esotéricas, doctrinales, animistas, religiosas o chamánicas, o bien no representan más que algo que experimentamos durante el sueño, entendido como tiempo que se emplea en el reposo.
Los científicos que tratan el aparato encefálico son partidarios de atribuir a los sueños el carácter de subproducto del sueño; los psicólogos, en cambio, afirman que los sueños tienen una razón de ser propia, y que el que se den durante el reposo no es más que una mera casualidad. La ciencia es capaz de describir el hecho de que las personas sueñan, mediante los medios que hemos referido hasta aquí; sin embargo, el contenido de los sueños es asunto que afecta al alma, al espíritu, a la psique, pues a cada persona le corresponde adoptar la conducta que crea oportuna a la luz que le brindan los sueños. De ese modo, de la misma manera que no existen dos personas que vivan, piensen o actúen exactamente igual, no hay dos personas que sueñen lo mismo; y, en un extremo exagerado, si puede haber dos soñadores que perciban idéntico asunto onírico, no se verán afectados de igual forma por el desarrollo del sueño, pues los sueños forman parte de la identidad individual y nadie mejor que uno mismo puede interpretar, comprender y desentrañar el sentido, la intención y el mensaje de los sueños.
Los sueños consisten, pues, en el planteamiento de un asunto que afecta al pensamiento sin la vigilancia de la conciencia, cuya acción se desarrolla en una trama determinada, que puede culminar en un desenlace en el mismo argumento del sueño o que queda en el aire para que se aplique la razón, la conciencia y la voluntad al despertar.
Para retener el contenido, el mensaje de los sueños es conveniente que se guarden en la memoria, ya que cuanto más nítido sea el cúmulo de datos, de imágenes y de consejos, mejor se podrá obtener beneficio de sus advertencias, consejos y sugerencias.
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