Como resultado de sus entrevistas con veteranos de la Primera Guerra Mundial, Freud se preguntó si la agresividad, como el sexo, no sería un instinto importante, que puede ser reprimido y provocar neurosis. En 1920, comenzó a desarrollar un nuevo marco teórico del psicoanálisis. En Más Allá del Principio del Placer (1920), presentó el concepto del instinto de muerte. Según esta teoría, hay dos instintos básicos, el de vida, el Eros, y el de muerte, el Tanates. Autores posteriores bautizaron el instinto de muerte como mortido o destrudo. El instinto de vida se compone esencialmente de la parte antigua de la libido o impulso sexual, y se cree que forma parte del impulso que nos lleva a la autoconservación. Pero el instinto de muerte es completamente diferente de la libido, y representa el impulso humano innato a la autodestrucción. Mientras el instinto de vida es una fuerza creadora de autodesarrollo, de protección y de supervivencia, el instinto de muerte, por el contrario, nos lleva a la muerte y a un estado final de liberación completa de las tensiones, la ansiedad y la lucha.
Basándose en este teoría, Freud concluyó que la guerra misma puede ser un intento de un país para desviar la agresividad hacia fuera, evitando autodestuirse con combates en el interior. Del mismo modo, en este contexto se puede considerar que el suicidio se debe a la incapacidad de defenderse, pues la cólera se vuelve tan violentamente hacia el yo, que conduce a la autodestrucción. Los sueños sobre suicidios no son de ninguna manera proféticos, y admiten muchas interpretaciones. Cuando nos suicidamos en sueños, ello suele indicar que hay alguna situación que no soportamos, y que nos sentimos frustrados y buscamos una solución o una salida. Cuando se trata del suicidio de otro, puede ocurrir que se esté descuidando algún aspecto de sí mismo. Hay que reflexionar sobre las relaciones que mantenemos en el sueño con esa persona y con qué partes de ella nos identificamos. También puede ser que alberguemos sentimientos inconscientes de ira hacia ella.
Los actos menos graves pero también autodestructivos se estudian bajo la misma luz que el suicidio. En todo lo que hacemos intervienen fuerzas inconscientes autodes-tructivas: en los accidentes con motivaciones ocultas, en las enfermedades que nos inflingimos sin saber, en las faltas que cometemos con la intención encubierta de que nos descubran. Los accidentes de los sueños son significativos, y menos accidentales de lo que pensamos. Revelan ira, envidia y odio inconscientes hacia las personas que los sufren. Esas personas también pueden representar aspectos de nuestra personalidad que reprimimos por diferentes razones. Incluso cuando la persona accidentada es alguien muy cercano a usted, y a quien usted quiere, examine cuidadosamente sus verdaderos sentimientos hacia ella, pues es posible que albergue una animosidad que puede resolver en la vida diurna.
Muchas ideas de Freud sobre la muerte y los sueños fueron criticadas en su época, y lo siguen siendo. Muchos psicoanalistas de la actualidad aceptan las teorías de Freud sobre la agresividad y sus implicaciones, aunque suelen pasar por alto los conceptos freudianos de la vida infantil y del instinto de muerte.
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