Podemos decir que la vida no es más que una serie de conflictos. Sin ellos y el dolor, la confusión y la catarsis que los acompañan, la pintura, la literatura y el teatro serían cosas vacías. Desde Adán y Eva hasta las telenovelas, todo está lleno de conflictos. Hay quien dice que sin ellos no habría vida. Los sueños sobre ellos son abundantes y toman diversas formas, desde imágenes oníricas concretas de guerras y batallas, hasta escenas más sutiles de dolor y tensión. No es sorprendente que los psicoanalistas y los estudiosos de los sueños los relacionen con los conflictos y la conducta de los humanos en la tarea vital.
Los teóricos psicodinámicos piensan que la conducta de las personas está determinada por fuerzas psicológicas ocultas que ellas desconocen. Estas fuerzas interiores son dinámicas, lo que significa que cambian constantemente, se adaptan y se influyen mutuamente. Esta interacción es lo que conforma los pensamientos, los sentimientos y la conducta de los individuos. Se cree que los síntomas o conductas anormales, se deben a que estas fuerzas psicológicas entran en conflicto, o cuando existen conflictos demasiado dolorosos que provocan conductas destinadas a reducir el sufrimiento.
Un caso famoso de Freud y de su colega Josef Breuer fue el de Anna O. La mujer mostraba muchos síntomas de lo que en esa época se denominaba histeria, como parálisis de las piernas y del brazo derecho, sordera y discurso confuso. Como tratamiento, Breuer la sometió a la hipnosis. Pero al sumirse en ese estado, Anna comenzó a hablar sobre acontecimientos anteriores y a expresar profundas emociones. Esa liberación de recuerdos reprimidos pareció ayudar al tratamiento. Anna lo llamaba su curación por la palabra; Breuer lo denominaba método catártico (que deriva de la palabra griega katharsis).
Después de este descubrimiento, Breuer y Freud trabajaron con varios casos y publicaron en conjunto un libro capital sobre su técnica, los Estudios sobre la Histeria. Allí mantenían que la causa de la histeria son conflictos psicológicos de los que el paciente no tiene conciencia. Pensaban que estos conflictos provocan menos sufrimiento cuando salen a la luz y se hacen conscientes. En los años siguientes, Freud amplió esta teoría y la convirtió en la teoría general del psicoanálisis. Para él, los conflictos inconscientes no explican sólo los síntomas histéricos, sino todo el funcionamiento mental, normal y anormal.
Muchos teóricos ven la vida como una serie de etapas que las personas deben atravesar siguiendo un orden fijo. Erik Erikson (1902-94), un psicólogo del yo, es uno de los pensadores claves de esta escuela de psicología y, aunque ha recibido críticas, creó una teoría general del desarrollo que divide la vida en ocho etapas. Cada una se caracteriza por una crisis especial del desarrollo y un nuevo conjunto de impulsos y necesidades.



