Los sueños dan salida al material reprimido. Cuando sabemos escuchar los sueños y los comprendemos, aprendemos mucho sobre nuestros deseos insatisfechos y nuestros sentimientos reprimidos. Según Freud, el desarrollo del ego, el crecimiento personal y la adaptación al entorno dependen de la represión primaria. El y sus seguidores pensaban que la represión primaria impide la primera manifestación de un impulso instintivo. La represión secundaria es la que disfraza las manifestaciones de lo reprimido, para que siga siendo inconsciente. El retorno de lo reprimido consiste en la aparición involuntaria del inconsciente reprimido en el impulso primario consciente.
Muchas personas confunden los conceptos de represión y de inhibición básica. La represión se diferencia de la inhibición porque en ella juegan dos clases de energía. La primera es la que pertenece al impulso mismo, que trata de pasar a los actos. La segunda es la que se invierte en reprimir el impulso y mantener ese nivel de represión. Algunos teóricos comparan la represión con un dique. Esta imagen puede verse con mucha claridad en los sueños. Las imágenes de diques que se rompen hablan al durmiente de la lucha de la represión. En estos sueños, el durmiente siente que hay dos fuerzas, la del agua que empuja contra el dique y la que detiene el agua. Estas figuras ilustran el material reprimido y la energía que se emplea para rechazar el material. La inhibición es como apagar la luz. Con un simple movimiento, se suprime lo que no se quiere ver. Los sueños donde desaparecen cosas sin razón evidente hablan de las inhibiciones del durmiente.
Aunque la palabra “negación” ha pasado al habla general, el concepto freudiano homónimo alude a una especie extremada de autoprotección que aparece sobre todo en momentos de cambio súbito. Cuando una persona niega una situación, sencillamente rehusa reconocer su existencia, y sin tener conciencia de lo que está haciendo.
En su Diccionario Critico del Psicoanálisis, Charles Rycroft señala que por medio del mecanismo de defensa de la negación A se niega una experiencia dolorosa, o B se niega algún impulso o un aspecto del yo. Ambas cosas no son equivalentes. Según Freud, cuando se niega acontecimientos dolorosos, existe una relación con el principio del placer, y la negación forma parte de la satisfacción de los deseos, como cuando negamos la muerte de alguien porque deseamos que nunca hubiese ocurrido. Los sueños con personas queridas muertas son comunes poco después del fallecimiento, o en sus aniversarios. Sus apariciones oníricas pueden ser muy vividas y reales. Los analistas atribuyen estas imágenes oníricas al proceso psicológico de la negación, y a que el sujeto aún no ha aceptado la realidad de la desaparición.
La proyección es otro concepto psicoanalítico útil para enfrentar la ansiedad o el conflicto. La proyección consiste en atribuir nuestras propias ideas o motivos inaceptables a otra persona. Por ejemplo, en vez de reconocer que sufrimos alguna emoción, como el miedo a la ansiedad que provoca el cambio, la proyectamos en otra persona. Luego decimos que el otro es el que siente enfado o ánimo de competencia, lo que nos permite sentirnos buenos y así protegernos. En realidad, esos sentimientos son más nuestros que de la otra persona.
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