La ira, el conflicto y la lucha

Según el pensamiento psicoanalítico, el conflicto es la oposición entre dos fuerzas aparente o realmente incompatibles. Los conflictos internos o psicológicos se producen entre impulsos instintivos (por ejemplo, los libidinales y los agresivos) o entre estructuras (por ejemplo, el yo y el superyó). La idea de que todos los conflictos psíquicos son neuróticos no forma parte de la teoría psicoanalítica; sólo lo son si una parte de ellos es inconsciente y/o si se resuelven por mecanismos de defensa que no sean la sublimación.

Charles Rycroft, The Critical Dictionary of Psychoanalysis, 1995.

En los sueños, los conflictos relacionados con la ira adoptan diversos disfraces. La contradicción entre lo que hacemos y lo que deberíamos hacer aparece frecuentemente en nuestros sueños, y producen sentimientos de frustración y agresividad, ya en el sueño mismo o en la vigilia. Es importante observar la naturaleza exacta de nuestra conciencia o superyó. En estos casos, los sueños con conflictos dependen generalmente de nuestro entorno y nuestra crianza, y se originan por una educación demasiado severa.
La ira que sentimos en sueños puede derivar de tensiones entre el yo consciente y el inconsciente. A menudo, los agresores, ya sean el durmiente o algún otro personaje, representan la parte nuestra que quiere salir de las profundidades del inconsciente. Puede que temamos liberar estos sentimiento, pero si hacemos consciente su fuerza, podemos aprovecharla de manera positiva. Allí donde hay conflictos internos no resueltos, aparece una tendencia a proyectar esos sentimientos en alguna otra persona. Freud mantenía que la agresión es un instinto que se revela entre personas de toda condición y carácter. Pensaba que el instinto de agresión está presente tanto en la sexualidad como en la guerra. En sus últimas obras, mantenía que la agresión deriva del instinto de muerte. Alfred Adler (1870-1937), uno de sus primeros discípulos, pensaba que el instinto de poder es la fuerza fundamental de la psique. La agresividad puede ser sublimada, esto es, convertida en otra clase de energía. Puede ser dirigida hacia el deporte, bajo la forma de competiciones. Puede ser desviada hacia el sexo, incluso cuando hacemos el amor con gran ternura hay un elemento de fuerza en él. Es posible utilizar las tendencias agresivas y las frustraciones para resolver problemas y para crear arte o humor. Suele decirse que los negocios son algo salvaje, porque aunque en ellos la agresividad no se expresa físicamente, está claro que las empresas comerciales poseen un elemento de agresión.

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