La envidia del pene

La envidia del pene es, según se cree, el principal sentimiento que experimentan las niñas durante la fase fálica del desarrollo, y constituye uno de los conceptos más discutidos de la teoría de Freud. Este pensaba que la envidia del pene es la base del sentimiento femenino de inferioridad, porque las niñas creen que son niños incompletos. Creía que las niñas tienen diversas reacciones ante esta castración imaginaria.
Por ejemplo, pueden evitar la sexualidad clitoriana. Al creer que el clítoris es un pene inferior, pierden interés en él. O pueden hacerse lesbianas. O dedicarse a una carrera que las iguale con los hombres. También suelen apartarse del todo del sexo, para evitar sus sentimientos de inferioridad. Otras veces, no superan la fase edípica, por lo que todos los hombres de su vida adulta serán sustitutos del padre. También es posible que superen esa fase y se contenten con apropiarse del pene de un hombre por medio de las relaciones heterosexuales.

Lolita

En la novela Lolita de Vladimir Nabokov vemos el complejo de Edipo en funcionamiento. Humbert Humbert vive con Charlotte Haze y su joven hija Lolita. En la novela, una noche se despierta, enciende la luz y escribe el sueño que ha tenido. Esa noche, durante la cena, la señora Haze había dicho que, al día siguiente, ella y su hija saldrían con Humbert a merendar en el campo.
“Tendido en la cama y musitando eróticamente mientras intentaba dormirme, tracé un plan para aprovechar la ocasión. Sabía que la señora Haze odiaba que mi adorada fuese tan amable conmigo. En consecuencia, organicé aquel día junto al lago de modo que contentase a la madre. Sólo hablaría con ella, pero en cierto momento diría que había olvidado mi reloj de pulsera o mis gafas de sol en un claro del bosque, y me internaría en él con mi pequeña ninfa. En este punto, la realidad desaparecía y la Búsqueda de las Gafas de Sol se convertía en una pequeña y discreta orgía con una Lolita singularmente avispada, alegre, corrupta y complaciente, que se comportaba de un modo que la razón sabía imposible. A las tres de la madrugada tomé una pildora para dormir, y luego, un sueño que no era una prolongación sino una parodia, me permitió ver, con cierta significativa claridad, el lago donde no había estado nunca: estaba cubierto de hielo esmeralda; un esquimal picado de viruelas trataba en vano de abrir un hueco con un hacha, aunque en las orillas pedregosas florecían mimosas y adelfas. Estoy seguro de que la doctora Blanche Schwartzmann me hubiera pagado muy bien para agregar semejante sueño libidinoso a sus archivos. Lamentablemente, el resto era del todo ecléctico. La Haze grande y la pequeña andaban a caballo alrededor del lago, y yo hacía lo mismo, subiendo y bajando al trote en debida forma y con las piernas separadas, aunque entre ellas no había ningún caballo, sino sólo un aire flexible; se trataba de una de esas pequeña omisiones debidas a la distracción de los durmientes.”
Vladimir Nabakov, Lolita, 1955.

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Hechizos y brujerías

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