La creatividad en los sueños

Los sueños y los actos creativos poseen el poder de movilizar nuestras emociones. Cuando soñamos, reímos, lloramos y sentimos temor, igual que cuando leemos una novela o vemos una película o una obra de teatro. Los sueños parecen satisfacer una necesidad espiritual; la de dar forma, modificar y transformar el mundo. Cuando vemos jugar a los niños, comprobamos que esta necesidad de crear y de recrear puede muy bien ser innata. Los niños utilizan cajas de cartón como si fueran máquinas del tiempo, y convierten las ropas en trajes de un drama fantástico. Ya adultos, conservamos esta capacidad y esta necesidad de crear, pero, quizá a causa de las imposiciones y las responsabilidades propias de nuestra edad, el poder creativo se activa en el mundo imaginario de los sueños.

Algunos de los pintores, novelistas y dramaturgos más famosos y creativos, como Charlotte Bronté, Mark Twain, Edgar Alian Poe, Graham Greene, Samuel Taylor Coleridge y Robert Louis Stevenson, por mencionar sólo algunos, han reconocido la inspiración que recibían de los sueños. En sus memorias, Robert Louis Stevenson cuenta que, antes de irse a dormir, se contaba un cuento a sí mismo, para buscar luego inspiración en sus sueños. Stevenson habla de los “enanitos” que se encargaban de la tarea de escribir durante la noche. Así fue como nació el cuento más famoso de Stevenson, El Doctor Jekyll y Mr. Hyde. Stevenson decía que los “enanitos” que desarrollaban las historias “en su teatro de luz” eran los verdaderos autores de gran parte de sus escritos.

Otra obra famosa inspirada en un sueño es el poema Kublai Khan, de Samuel Taylor Coleridge. En el momento de escribirla, Coleridge sufría una grave enfermedad; su médico le prescribió láudano, un medicamento muy utilizado a finales del siglo XVIII y que contiene cloruro de opio. Después de tomarlo, el sueño lo venció mientras leía las siguientes palabras de un libro de viajes: “Kublai Khan ordenó que se construyera aquí un palacio.” Al despertar, todo el poema sobre la residencia de Kublai Khan se presentó a su mente, y se puso a escribirlo. Lamentablemente, antes de terminar, recibió la visita de un amigo, y cuando quiso retomar la tarea, el poema se le había borrado de la conciencia. No logró recordar las palabras exactas; apenas pudo escribir un fragmento del original. ¿Quién sabe cómo sería el poema, si hubiera logrado recuperar el sueño con todos sus detalles?

 

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