El humor es fluctuante. Durante un tiempo, nos sentimos contentos y satisfechos con nosotros mismos y con el mundo, pero después ese sentimiento se disipa y nos encontramos abrumados y angustiados por los acontecimientos y la visión que tenemos de nosotros mismos y de nuestro mundo. Los sueños nos ofrecen un panorama más profundo y completo de nuestro humor, que podemos utilizar para controlar mejor tanto la alegría como la tristeza.
Nuestros sueños crean sus propias emociones, como la tristeza o la alegría, y podemos examinarlos desde esta óptica. A veces, nos despertamos llenos de una melancolía y un abatimiento que sabemos provocados por las experiencias oníricas, aunque no siempre recordamos lo soñado ni comprendemos el mensaje que contiene. En otros casos, los sueños son aún claros y recordamos la angustia que nos produjo alguno de sus elementos, como la muerte de un amigo o una catástrofe natural grave. Como en la vida diurna, a veces es fácil relacionarlos con un acontecimiento o una persona reales, aunque otras nos resulta tan difícil que no encontramos la manera de comprender esos sentimientos. A pesar de ello, es importante recordar cómo nos sentimos y relacionar esas emociones con las de la vida diurna. Esto nos ayuda a familiarizarnos mejor con nuestras reacciones emocionales, del mismo modo como nos palpamos el cuerpo para encontrar las zonas más vulnerables al dolor.
Igualmente importantes son los sueños que nos producen una euforia y una felicidad inexplicables. Muchas personas han tenido la experiencia de despertar de un sueño riendo sin saber por qué. Es tan importante comprender estos sentimientos de inmenso placer y felicidad como los de tristeza, pues, una vez más, nos permiten comprender las experiencias de la vida real que los provocan.
Indudablemente, los sentimientos de alegría y de tristeza dependen tanto del mundo externo como de nuestra constitución psicológica y biológica. Las situaciones que hoy entristecen y deprimen a algunas personas pueden ser muy diferentes de las que tenían el mismo efecto diez años antes. También puede haber sorprendentes diferencias ente lo que provoca tristeza a los hombres y a las mujeres. Al analizar los sentimientos oníricos, es necesario tener en cuenta esta influencia social. Los sueños también reflejan los diversos sentimientos de las personas hacia sí mismas.
La tristeza que solemos denominar depresión ha llamado la atención de la sociedad desde las épocas más remotas. El Antiguo Testamento habla de la depresión grave que sufrieron Moisés, Saúl y Nabucodonosor. Se cree que la reina Victoria de Inglaterra y Abraham Lincoln sufrían crisis repetitivas de esta enfermedad. También artistas como George Frederick Hándel, Sylvia Plath, Ernest Hemingway, Eugene O’Neill y Virgina Woolf se sentían acosados por experiencias depresivas.
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