La opinión más común es que los hombres son más agresivos que las mujeres. Se cree que los hombres cometen actos violentos más graves y frecuentes que las mujeres. En todas las épocas y culturas, las mujeres pasan por ser el sexo débil y por carecer de hostilidad e ira. Pero los estudios psicológicos y sociológicos revelan que la cuestión no está tan clara, y que depende de varios factores. Es verdad que en muchas situaciones las mujeres se comportan menos agresivamente que los hombres, pero la razón de ello puede ser las expectativas sociales del entorno, y que en ausencia de ellas, las tendencias agresivas de las mujeres serían más evidentes.
En 1979, tres psicólogos (Richardson, Bernstein y Taylor) hicieron un experimento para estudiar el tema más a fondo. Reunieron a los sujetos y les pidieron que realizan una tarea de reacción en el laboratorio. A las mujeres se les pidió que compitieran con un oponente ficticio en una tarea de tiempo de reacción. Cada vez que lo hacían, se les decía que el que cumpliera la tarea con más lentitud recibiría una descarga eléctrica, que, según creían los sujetos, les era administrada por el oponente, aunque en realidad lo hacía el experimentador. Los investigadores clasificaron a los sujetos en tres grupos. En uno de ellos, las mujeres estaban solas, sin nadie que las mirara o estuviera presente. En otro, se hallaban con otra mujer de su bando en calidad de observadora silenciosa.
En el tercer grupo también había una mujer de su bando, pero se le permitía ofrecer aliento verbal. Los investigadores esperaban que las mujeres inhibieran menos la agresividad cuando estuvieran en el grupo donde nadie las observaba. En otros términos, que mostrarían mayor agresividad cuando estaban solas que cuando había alguien con ellas. Y así fue. Las mujeres administraban descargas eléctricas a sus opositoras cuando nadie las veía. Pero cuando había un observador silencioso, reducían la agresión y administraban descargas menos intensas.
Este experimento confirma la idea de que las expresiones de agresividad de las mujeres depende en alto grado de lo que consideran apropiado para su género y su sitio en la sociedad. En las repeticiones que se han hecho de él, se ha confirmado que las mujeres se comportan tan agresivamente como los hombres, aunque parece que el umbral en que llegan a este nivel de agresión es superior. Cuando son sometidas a niveles menores de provocación, parecen mostrar niveles inferiores de agresividad. De este modo, las mujeres inhiben la agresión cuando la consideran inadecuada.
En lo relacionado con los temas oníricos, esto nos lleva a concluir que sin el factor inhibidor de la conciencia despierta y la autocensura es probable que, en los sueños, las mujeres sientan tanta agresividad o enfado como los hombres, aunque su agresividad puede adoptar máscaras distintas y no ser tan visible.
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