Si los lectores de a pie acogieron benignamente los escritos de Freud, no ocurrió de igual modo con sus colegas, que han atribuido una importancia no tan crucial a los sueños en el tratamiento de determinadas neurosis. Ha habido críticos beligerantes contra Freud que lo acusaban de promulgar novedades falsas y verdades conocidas, por lo que han desechado toda su obra.
Se le ha criticado el protagonismo exagerado que atribuye al deseo sexual, así como el dogma según el que hay una censura automática que enmascara el contenido de los sueños. Si el «superyo», o sea, la conciencia, duerme, no es muy posible que pueda vigilar durante el desarrollo onírico. Las afirmaciones de Freud en este sentido carecen de base científica y pueden entenderse como simples opiniones y aun meras hipótesis.
De igual manera que se rechaza la naturaleza sexual de los sueños, se niega el enmascaramiento del contenido, pues existen sueños en los que no se oculta clave alguna, ya que revelan deseos o intenciones evidentes; sin censura, no hace falta clave. De igual modo, se rechaza el simbolismo, la condensación y la transferencia.
Los críticos de Freud coinciden en el carácter subjetivo de los símbolos de los sueños, pues cualquier imagen, cualquier sueño sería susceptible de derivar en una escena sexual.
Se le ha echado en cara a Freud también la nula comprobación mediante la experimentación de los postulados que proclamaba, pues no tenía en cuenta las circunstancias individuales de los pacientes, ni el influjo de los estímulos recibidos a través de los sentidos durante el desarrollo de los sueños. Freud procedió acien-tíficamente, sin hacer uso de ninguna comprobación; basó sus hipótesis en su idea del ser humano y su concepción de la medicina psíquica, de forma que pudiera dar una respuesta a las cuestiones planteadas por el tratamiento de enfermedades mentales mediante los sueños.
A través del pasado siglo, se dieron diferentes descubrimientos y se elaboraron diversas teorías que superarían la concepción de Freud acerca de los sueños, cuyos postulados se han superado totalmente hoy en día, sobre todo porque el médico austríaco los proclamaba como verdades cuya comprobación no era precisa. Tanto los símbolos de los sueños, como el que sean manifestación de un deseo, requieren una experimentación posible hoy en día, lo que ha dejado en historia de la interpretación de los sueños las ideas de Freud, que, sin embargo, dio el pistoletazo de salida para el moderno estudio de los sueños que conocemos hoy.
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