Freud y el psicoanálisis
En lo referente a los símbolos, éstos desempeñan una función crucial en la interpretación onírica, ya que según las tesis de Freud, el contenido latente de los sueños se revela mediante ellos. Ya hemos aludido a la particular relevancia que Freud atribuía a la manifestación del deseo sexual, por lo que no es de extrañar que hallemos un buen número de símbolos de índole sexual, alrededor de cien del falo y otros tantos de la vagina y también unos cincuenta del acto sexual. No debemos descartar la intención sexual de determinados sueños, mas atribuir a todo lo que se sueña como intenciones apareatorias más o menos tamizadas por escenarios oníricos ubicaría a la mayor parte de los soñadores en la categoría de obsesos sexuales, lo que un buen número de investigadores se ha ocupado en desmentir posteriormente.
La génesis de los sueños estriba en los recuerdos pretéritos que figuran en la memoria, que se constituyen en percepciones que el soñador reconoce como reales merced al efecto del inconsciente. Sería algo similar a la alucinación experimentada por un sujeto en estado de vigilia, sólo que en este caso los delirios se dan en la vida despierta. De ese modo, Freud compara los sueños con situaciones enfermizas de la psique, pues en éstas se da un debilitamiento de la conciencia análogo al que se produce en el sueño; por eso el «yo» tiene acceso más libre al «ello» sin la centinela del «superyo» y se verá en los sueños la realización de un deseo disfrazado mediante el simbolismo, tras el cual hay un contenido en clave, pues aunque no esté despierto el «superyo», cuenta con una especie de censura de guardia que es la que provoca que se evite la vigilancia mediante un contenido aparentemente inocente. El psicoanalista es pues el traductor de ese contenido oculto, mediante el desciframiento de los diferentes símbolos empleados por el inconsciente en el desarrollo del sueño y de las asociaciones libres.
El enfermo ha de relatar durante la sesión con el doctor aquellas ideas y sentimientos que le acudan a la mente, pronunciando las imágenes, las ideas, las percepciones tal como le arriben a la mente, sin preocuparse de engarzar pensamientos y olvidándose de las presuntas incoherencias a las que se exponga. Así, el paciente declama el desarrollo del sueño y se ve inquirido por el médico que le plantea pre-
guntas a las que el paciente habrá de contestar lo primero que se le ocurra. Tras una serie de asociaciones, con el respaldo de los símbolos oníricos, el psicoanalista puede deducir la represión que está tras una posible patología mental.
Las teorías freudianas gozaron de gran difusión a lo largo del pasado siglo, tanto por suponer un descubrimiento acerca de un asunto del que la generalidad de la gente estaba poco versada, como a causa del desarrollo de las explicaciones, que resultan meditadas y adecuadamente reveladas, pues Freud, en lugar de perderse en disquisiciones teóricas, a base de términos crípticos de la jerga médica, emplea un lenguaje llano y ejemplifica sus teorías mediante sueños adecuados a cada patología.



