Los sueños representan el dogma en el que los miembros de las tribus se basan para ver el porvenir, curar las enfermedades, acometer una lucha frente a una tribu rival o saber si conviene sembrar con luna menguante. La voluntad, la orden o el vaticinio recibidos mediante un sueño es más imperativo que la atronadora voz de un general, de un caudillo o de un líder. El sueño es director de reuniones en las que se determinan las actividades cinegéticas, comerciales y agrícolas, pues seguir los designios del dios recibidos desde los sueños es el cometido que se les demanda en su vida mortal. Incluso en el caso de que sueñen recibir el mandato onírico de acabar con la vida de una persona determinada, no descansarán hasta que lo lleven a término, por lo que ha habido civilizadores que han tenido que vivir casi a merced de los sueños de un indígena, pues si uno sueña que mata a un misionero, no dudará en hacerlo en cuanto se le presente la oportunidad idónea.
Evidentemente que en esta filosofía de vida que se rige por expreso mandato de los sueños es posible suponer la falacia, el engaño y la invención. Puede darse el caso, desde luego, de que alguien demande a otro vecino que le entregue sus bienes, su hacienda o que le sirva porque así lo ha visto en sueños; el otro, puede creerlo o no, mas si lo acepta debe ponerse al servicio del soñador, que no osa cometer la falacia, pues sabe que eso sería actuar contra la voluntad de los dioses, con lo que recibiría el apropiado merecido a través de un sueño o si se descubriera el engaño. En la mayor parte de los miembros de las tribus primitivas no se encuentra el fenómeno de la mentira, pues están cargados de escrúpulos y suponen que contradecir o simular un sueño en beneficio propio acarrearía toda suerte de calamidades.
A lo largo de las civilizaciones ha habido un fascinante interés acerca del mundo onírico; en la mentalidad primitiva, el caudal de imágenes de los sueños provoca un embeleso tal que no es extraño que se imaginen que los dioses les hablan durante el reposo. Asimismo, es indudable que el desarrollo de los sueños tiene una manifiesta influencia en la vida de vigilia, ya que aun sin recordar un ápice de la angustia experimentada en una pesadilla, es muy diferente el humor al despertar que tras un plácido sueño en el que se haya disfrutado de la compañía de una persona estimada. Es por eso por lo que el arte de desentrañar el significado de los sueños, sea en sentido religioso o en un aspecto meramente antropológico, es decir, como fuente de pistas para mejorar la salud física y anímica, ha representado desde los albores de la humanidad un asunto importante a lo largo de la historia en las diversas civilizaciones.
El primer tratado acerca de la interpretación de los sueños data del siglo XIII antes de nuestra era. Los egipcios redactaron un volumen en el que se recogían cerca de doscientas claves basadas en una simbología de contrarios. Así, si una persona soñaba con la muerte, el pronóstico indicaba una vida prolongada. También defendería un aspecto similar Sigmund Freud más de treinta siglos después. Los egipcios consagraron un templo al dios Imuthes, equivalente al dios griego de la medicina y de los sueños, Asclepio.
-
Suscribirse a nuestro Boletín
Encuestas de Hechizos
Loading ...



