Como Jung, Freud también empleaba historias antiguas en sus teorías sobre el amor, el cariño y la naturaleza de las relaciones. Una de sus teorías más conocidas, y quizá la más influyente, es el complejo de Edipo. Básicamente, consiste en un grupo de ideas y sentimientos inconscientes relacionadas con el deseo de poseer al progenitor del sexo opuesto al propio y eliminar al del mismo sexo. Este complejo aparece en los niños entre los tres y los siete años, cuando desean a su madre, y por ello, envidian y odian al padre.
El complejo recibe su nombre de dos tragedias del dramaturgo griego Sófocles sobre el mítico Edipo, que mató a su padre y después se enamoró de su madre, casándose con ella sin conocer su relación con ambos. Según la historia, un oráculo predijo que el príncipe de Tebas asesinaría a su padre y se uniría con su madre. Para evitarlo, el padre abandona al niño en una colina con los pies perforados, para que muriera de hambre y de desamparo. Pero unos extranjeros lo encuentran y se encargan de su crianza. Tiempo después, y ajeno a todo, el muchacho regresa. Mata al rey y libera al reino de la opresión de un monstruo, la Esfinge de Tebas, se casa con la reina, que era en realidad su madre, y luego descubre la verdad. Lleno de horror ante su crimen, aunque sin ser personalmente responsable de él, Edipo se arranca los ojos y, ciego, se marcha al exilio.
Aunque la expresión “complejo de Edipo” puede aplicarse a hombres tanto como a mujeres, al principio sólo se refería a la versión masculina del complejo, y se decía que en las niñas surgía un complejo de Electra, derivado de otra tragedia de Sófocles. Pero la historia de Electra no es paralela a la de Edipo, porque en vez de asesinar por su mano a su madre, empuja a su hermano a ello, para vengar la muerte de su padre. Las niñas, como los muchachos, temen a sus impulsos, y creen que, a causa de ellos, su madre dejará de amarlas, o que les hará daño. Por ello, reprimen sus deseos y aprenden a identificarse con su madre.
Según Freud, este complejo es un fenómeno universal e independiente de la cultura donde nos educamos. Mantenía que de él deriva gran parte de nuestra culpa inconsciente. Muchos de nuestros sueños muestran la muerte de nuestros padres, y pueden resultar aterradores. Pero los sentimientos de amor no son tan evidentes, y vistos desde otro lado, pueden aparecer como odio. Estos sueños deben interpretarse con cautela. Es importante hacer asociaciones conscientes a partir de ellos, y decidir si contienen elementos de satisfacción de deseos, de envidia, o de un amor o una pasión intensos que aparecen en la conciencia a través del mundo inconsciente de los sueños.
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