Hablamos de sueños lúcidos para aludir a un estado en el que tomamos conciencia de que nos hallamos en medio de un sueño, aunque sin despertar por ello. En estos sueños, podemos aprender cómo lograr que la conciencia penetre en estado onírico y tome el control del sueño.
La expresión fue acuñada en 1913 por el médico holandés William Van Edén. En realidad, el proceso era conocido, y ya había sido registrado mucho antes de que Van Edén lo estudiara y lo incorporara a la ciencia occidental.
En Oriente y en las culturas sudamericanas, durante siglos se han creado técnicas para controlar los sueños. Los budistas tibetanos, por ejemplo, siempre han creído que la verdadera función de los sueños consiste en dar una oportunidad a la conciencia para controlar el inconsciente.
Cuando se alcanza un nivel avanzado, se puede emplear los sueños lúcidos para responder preguntas sobre nuestros deseos y emociones más profundos. Por ejemplo, durante los sueños se puede crear el símbolo de una puerta. Es posible controlar el entorno del sueño, de modo que, al abrir la puerta, se encuentra tras ella la respuesta de la pregunta. Los sueños lúcidos ofrecen la capacidad de plantear preguntas y formular respuestas dentro del contexto onírico.
A veces, en el estado onírico, soñamos que nos despertamos. Esto puede resultar de lo más extraño, porque el durmiente sabe que está soñando, pero no es consciente de que la sensación de despertar es también un sueño.
Se cree que las personas con alto grado de disciplina mental son quienes tienen más probabilidad de soñar sueños lúcidos. En consecuencia, la mejor manera de lograr tenerlos consiste en reunir y aumentar la fuerza mental. Esto se puede lograr poniendo gran atención a los detalles de los procesos del pensamiento. Una manera es utilizar una descripción de sus acciones. Imagine que sale de sí mismo y observa desde afuera todo lo que siente y piensa. Las técnicas como la meditación y la visualización agudizan la mente y facilitan los sueños lúcidos.



