Elegguá o Eshu
Proteger nuestra casa de todo mal
En teoría, cuando cerramos la puerta de casa deberían quedar en el felpudo de la entrada todos los problemas y situaciones nefastas que nos acompañan en la cotidianidad del mundo exterior. Pero, por desgracia, dicha teoría no siempre se cumple.
La loable pretensión de dejar en el quicio de la puerta los problemas laborales, extrafamiliares, de liquidez o de relación no siempre es factible. En muchas ocasiones dependerá de multitud de factores como puedan ser: la gravedad de las circunstancias que colapsen nuestra existencia, el estado anímico en el que nos encontremos, la vulnerabilidad psicológica que estemos atravesando e, incluso, la sensibilidad psíquica que posean las personas que comparten la vida con nosotros. Todos ellos son factores que pueden imposibilitar que nuestro hogar se vea libre de energías negativas.
Si seguimos paso a paso el proceso detallado en el ritual que explicaremos a continuación lograremos que nuestra casa se vea libre de energías indeseables y que, con su eliminación, todos los componentes que habiten en ella disfruten de un mayor bienestar y prosperidad.
INGREDIENTES
1 cazuela de barro de tamaño pequeño.
Manteca de corojo (se vende en tiendas de comida internacional) o en su defecto, manteca de coco.
9 granos de maíz tostado.
1 cucharada de aceite de girasol.
1 cucharada de aceite de maíz.
1 cucharada de aceite de oliva.
1 copa de aguardiente.
1 puro habano. Velas negras y cerillas de madera.
PREPARACIÓN
Dispondremos la manteca de coco o corojo y los granos de maíz en la cazuela de barro. Seguidamente, le iremos añadiendo los tres tipos de aceite. Tomaremos un sorbo de aguardiente y lo expulsaremos a presión de nuestra boca a la cazuela hasta terminar toda la copa. Encenderemos el puro y le soplaremos el humo en dirección al centro de la cazuela hasta haber fumado una tercera parte del mismo.
Durante toda la operación deberá estar encendida la vela negra, que se renovará a diario y que durante tres días no debe apagarse bajo ningún concepto. Pasado este tiempo, enterraremos la cazuela en un monte lo más alto y limpio posible.




