Babalú Ayé
la viruela, la lepra, las enfermedades venérea
Las vestiduras de Babalú Ayé son de tela de saco con pedazos de cintas moradas. Sus collares son blancos veteados de azul. Como atributos, además de las citadas tablillas, lleva una escobilla hecha con palma de coco con la que limpia y purifica a los enfermos, una pulsera de piel de chivo adornada con siete caracoles, dos perros de metal y dos muletas.
El banquete que podemos ofrecer a Babalú Ayé estará dispuesto sobre una mesa vestida con un paño de tela de saco o yute que podemos embellecer con adornos morados y bordes dorados. En platos blancos se servirán mazorcas de maíz, ajos desgranados y en ristras, pan quemado, pescado ahumado, cocos verdes, agua de coco y vino seco. Sus animales preferidos como ofrenda son la codorniz, el chivo castrado, las gallinas de guinea y los gallos. Los mensajeros de Babalú Ayé son las moscas y los mosquitos, portadores de enfermedades y plagas.
Cuando Babalú Ayé se «monta» o incorpora a uno de sus hijos, éste aparece comportándose como un tullido débil y
enfermo, cojeando, encorvado y agarrotado. Habla con una voz pastosa, como si sus vías respiratorias estuvieran cargadas de mucosidad. Imita movimientos bruscos para espantar los insectos que se posan en sus llagas, agita la escobilla limpiando el ambiente y barre el suelo de toda energía negativa. En numerosas ocasiones también pide vino seco o agua de coco para realizar sus curaciones santas.
Los hijos de Babalú Ayé son dados a rigurosas promesas y sacrificios de flagelación. Muy caritativos y responsables, se preocupan por el bienestar, tanto físico como mental, de las personas de su entorno. Son también muy generosos y altruistas, dando gratuitamente no sólo comprensión, afecto y consuelo, sino también bienes materiales. Las personas necesitadas y desvalidas, tanto física como espiritualmente, se acercan instintivamente a ellos, para los que siempre tendrá las palabras más oportunas y las manos tendidas.
Lázaro




