El orden y el buen gusto son importantes para los hijos de Júpiter, que piensan que las cosas tienen que tener un lugar concreto, del cual parte tanto su valor práctico como su valor estético. Pero como en todo Centauro, coexisten la sensibilidad y la vida instintiva.
Es por ello que, sin querer, en su manera de hacer las cosas el nativo de este signo corra el riesgo de caer en la tosquedad, en la desmedida y el exceso. Algo que generalmente le ocurre cuando por una u otras razones es preciso pisar a fondo y aplicar toda su energía física en una tarea.
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