Ritual para superar la envidia

Hay personas para las cuales el prado del vecino siempre es más verde. Aunque se muestren arrogantes y seguras de sí mismas, en el fondo se sienten muy poco valiosas y les gustaría ser como otras personas a las que admiran.
Como reconocer esta admiración les resulta muy doloroso, prefieren negarla, no aceptar que esa persona tiene muchas cualidades valiosas; tampoco se atreven a imitarla ya que, de hacerlo, sería una manera de reconocer abiertamente las virtudes del otro.
Como no son sinceras consigo mismas, por lo general adquieren una visión de distorsionada de los demás y desarrollan un sentimiento de falsa justicia. Si lo que envidian es la simpatía de una compañera, por ejemplo, prefieren convencerse de que, en realidad, no es simpática sino hipócrita y que se pasa la vida engañando al resto de la gente.
Si oyen que un vecino está dando una fiesta, en vez de adoptar una actitud tolerante o, en todo caso, pedirles de buenas maneras que no hagan tanto ruido, llaman a la policía. En el fondo les molesta que otros se divierten en tanto que ellos no. Con ello consiguen que los demás les rechacen.
Lejos de atenuar con estas tácticas su dolor, se hacen a sí mismas más daño del que pueden causar a la persona a la que envidian ya que por mucho que hagan, no pueden dejar de sufrir intensamente ante los éxitos ajenos.
Es importante recalcar que una persona envidiosa, en el fondo, es alguien que tiene problemas que se pueden curar con una buena terapia.
Ésta haría que se aceptara a sí misma, que pudiera verse agradable y valiosa, que reconociera sus propias virtudes y dejara de envidiar las de los demás.
Hay que tener una gran voluntad de cambio, de evolución, para admitir que estos sentimientos, tan rechazados por la sociedad, pudieran embargarnos; pero si alguien reconoce sinceramente la envidia que otro pueda despertarle, tiene el 90 por ciento del camino hecho y, con este ritual, solucionará su problema.
Cuando la envidia no se cura a tiempo, puede dejar secuelas importantes: ansiedad, trastornos del sueño y del apetito, así como todos los síntomas asociados al estrés, incluidos aquellos que afectan físicamente al cuerpo.
Este ritual está destinado a ayudar a toda persona envidiosa. Lo primero es reconocer el problema y, en lugar de echar las culpas a otros, comprender que si otros obtienen éxitos y les salen bien las cosas, será porque comprenden algo del funcionamiento de la sociedad que uno no puede captar claramente.
OBJETOS NECESARIOS
Una vela negra - Una vela amarilla - Un puñado de hojas de laurel - Una vara o cono de incienso de pachuli - Un espejo de mano - Un puñado de pétalos de rosa - Un paño negro de 20 x 20 cm

El ritual deberá hacerse en sábado, día consagrado a Saturno.

Ritual
• Poner sobre mesa el laurel y los pétalos de rosa y taparlos con el paño negro.
• Encender la vela amarilla y, con ésta, encender la vela negra.
• Encender el incienso.
• Poner el espejo sobre la mesa.
• Cerrar los ojos e intentar visualizarse en situaciones de éxito, en aquellas que se envidian, al tiempo que se repite la frase: «Todo tiene un precio».
• Una vez hecho esto, con la vela negra trazar un signo de la cruz imaginario sobre el paño que cubre el laurel y la lavanda.
• Destapar las plantas, con cuidado.
• Coger las plantas y cubrir con ellas la superficie del espejo.
• Recitar la oración.
• Dejar que se consuman las velas y el incienso y luego guardar las plantas utilizadas en un recipiente, al lado de la cama.

Oración
Lo invisible se hace visible,
lo oculto se hace evidente.
Que el Arcángel Gabriel
aparte a la luna de mí
y traiga paz a mi alma.

El Arcángel Gabriel es dueño y patrono de la Luna a quien los ocultistas han adjudicado la envidia.