Ritual para combatir la irritabilidad
Hay hombres y mujeres que no saben callar; que viven tan a la defensiva que cualquier cosa les hace saltar y decir palabras de las que luego se arrepienten. Tienen buen corazón, pero está oculto tras su armadura de mal genio para evitar que lo magullen. Y por mucho que sepan que su conducta no les acarrea beneficio alguno, les resulta muy difícil cambiarla porque es una costumbre que vienen arrastrando desde su infancia.
Este ritual está destinado a dulcificar el propio carácter y a tener un mayor dominio sobre las emociones.
Esto no quiere decir que se vaya a aceptar todo de los demás ni que se pasen las ofensas por alto, sino, más bien, que será el cerebro quien trabaje antes que la lengua. De este modo, no habrá de qué arrepentirse.
También es posible utilizarlo en caso de vivir con una persona pendenciera, que tenga la virtud de irritar hasta tal punto que en su presencia se pierdan irremediablemente los nervios.
OBJETOS NECESARIOS
Un candado pequeño, con su llave - Siete cintas rojas de unos 15 cm de largo y unos 2 cm de ancho - Un vaso de vinagre - Un incienso de sándalo - Una tijera
El ritual deberá realizarse en miércoles, día correspondiente a Mercurio, que es el regente de la palabra y del sistema nervioso. Se hará en dos noches seguidas.
Ritual
• La primera noche, coger las siete cintas y atarlas por un extremo con un solo nudo; es decir, anudarlas como si fueran una sola.
• Sumergirlas en un vaso con vinagre.
• La segunda noche, encender el incienso de sándalo.
• Hacer con la tijera un agujero en el extremo libre de cada una de las cintas.
• Pasando el candado por los agujeros que se han hecho, cerrarlo de manera que queden unidas también por el otro extremo.
• Recitar la oración.
Oración
Así como sujetas están las cintas,
sujeta esté mi lengua a mi voluntad.




