En los trabajos, muchas veces los empleados tienen que establecer trato con jefes inabordables, con personas cuya inseguridad o soberbia les vuelve déspotas, despiadadas y poco comprensivas.
Cuando se tiene que trabajar bajo las órdenes de alguien con estas características, es difícil mantener la calma y sentirse a gusto, de ahí que se hayan hecho rituales como este, destinados a poner remedio a esas situaciones.
Su objetivo primordial es inspirar al oficiante para que, cuando trate con su jefe, sepa en todo momento cuál es la mejor manera de dirigirse a él para evitar que se originen conflictos.
OBJETOS NECESARIOS
Siete púas de cactus (preferiblemente grandes) – Una naranja – Una tijera – Un trozo de tela color púrpura de unos 10 x 10 cm – Una vela púrpura y una vela celeste – Aguja e hilo
El ritual se podrá comenzar en cualquier momento, preferiblemente de noche, y se efectuará a lo largo de siete días.
Ritual
• Encender la vela púrpura y luego la celeste.
• Enterrar una de las púas de cactus en la naranja pensando en el jefe.
• Recitar la oración.
• Retirar la púa de la naranja y cortarle la punta.
• Envolver la púa en el trozo de tela.
• Apagar las velas, guardar el resto de las púas y la naranja.
• Al día siguiente, hay que realizar la misma operación, con otra púa y la misma naranja.
• Una vez que se le haya cortado la punta, deberemos envolverla junto con la del día anterior.
• Una vez reunidas las siete púas despuntadas, cerrar el trozo de tela con una costura para que no se pierdan.
El paquete así confeccionado, deberá dejarse en el lugar de trabajo, siempre bien escondido.
Oración
Prueba lo dulce,
escupe lo amargo.
Que tu alma cure
a San Blas le encargo.
San Blas, obispo de la ciudad armenia de Sebaste, era un médico que hacía grandes milagros. Se cuenta que durante un tiempo que pasó viviendo en una cueva, no sólo acostumbraba a ir a la ciudad para curar a los fieles que solicitaban sus servicios, arriesgándose a ser perseguido, sino que también solía curar a los animales y bestias, muchas de ellas salvajes e inabordables, que según esta historia, jamás le hicieron el menor daño.
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