Los rituales que crearon las tribus primitivas para tener abundancia de bienes materiales, lógicamente no se relacionaban con el dinero, ya que este objeto de intercambio no existía; así pues, en ellos se pedía buena caza o buenas cosechas, para poder cambiar el exceso con otras tribus por pieles, vasijas u otros elementos que se pudieran necesitar.
Hay muy pocas ceremonias mágicas primitivas que sigan intactas y que se practiquen de la misma manera que hace milenios; a medida que el hombre se fue civilizando, los rituales también fueron cambiando a fin de adaptarse a los tiempos.
Los ritos relacionados con la abundancia fueron, seguramente, los primeros que se han ejecutado porque la falta de alimento significaba la extinción del grupo. En un medio hostil, lleno de animales amenazantes y a merced de fenómenos atmosféricos o geológicos que les resultaban incomprensibles, los primeros humanos dirigieron su mirada a los dioses encarnados por el sol, el viento o el río para pedir protección y ayuda en la difícil tarea de la supervivencia.
Hoy el alimento y el cobijo se mide en dinero, de manera que la prosperidad se pide más por el saneamiento de la cuenta bancaria que por una alacena bien provista.
Sin embargo, en su base simbólica las ceremonias siguen siendo las mismas y los resortes internos que despiertan en los oficiantes las representaciones del bienestar, también.
El dinero que se pide en casi todos los rituales que integran esta parte de www.hechizos.us no es sólo para la persona que lo ejecuta, sino para el grupo en el que está integrada (es decir, para la familia), justamente porque las ceremonias que les dan origen datan de una época en que la vida grupal era mucho más importante que la individual.
Por esta razón, quien los realice, no sólo verá mejorar sus finanzas, sino también las de las personas de su entorno.
Es importante aclarar que no se debe pedir un exceso de bienes, sino, más que nada, lo esencial para tener una vida agradable y modesta. La idea de enriquecimiento material está alejada por completo del desarrollo espiritual al que aspira todo buen mago.




