En la introducción al Libro XX de su Historia natural, dedicado a «las propiedades de las plantas», Plinio el Viejo, en el siglo I de nuestra era, escribía: «Vamos a estudiar ahora algunas de las más admirables producciones de la naturaleza: en este corto tratado, efectivamente, explicaremos al hombre estos alimentos y sus propiedades, de manera que podrá constatar cuan grande es su desconocimiento de las cosas que le hacen posible vivir y también las que le permiten curar los males que le afligen. [...] Hablaré de los odios y alianzas entre las cosas, mudas y privadas de sentidos, y de las que el hombre -lo que no dejará de sorprender y maravillar- acaba siempre por revelarse beneficiario. Es lo que los griegos han llamado simpatías y antipatías».
Las plantas y sus propiedades terapéuticas
Hacemos nuestra esta introducción porque su contenido nos parece adecuado y totalmente apropiado para el tema que nos interesa en este caso, es decir, el de las plantas mágicas. Y de las palabras evocadas por Plinio el Viejo -en el siglo I de nuestra era, recordemos, pronto hará 2.000 años— seleccionamos las que dicen que el hombre ya sufría de «un desconocimiento de las cosas que le hacen posible vivir». ¿No es un tema de actualidad, y no sufrimos todavía hoy este desconocimiento mientras que, por otro lado, nunca habíamos tenido tantos medios para conocer?
Nos fijamos también en los escritos de Plinio el Viejo, que hacen alusión al hecho de sorprender y maravillar. Ambos son sentimientos a los que, según nuestra opinión, somos muy sensibles, y a cerca de los cuales pensamos actualmente, por desgracia, que son defectos.
Cuando padecemos migraña, nos tomamos una aspirina. Nada hay de sorprendente ni maravilloso en este gesto, ni en el hecho de que, un poco más tarde, nuestro dolor de cabeza se esfume, a veces desaparezca totalmente, como si jamás hubiera existido.
Para nuestro antepasado que, tal vez un día, respiró o masticó unas hojas o pétalos de reina de los prados (planta cuya raíz es tónica y febrífuga), fue sin duda sorprendente y maravilloso constatar que esta flor, que se encontraba normalmente a su alrededor, que veía crecer y florecer a su alrededor, cerca de él, podía tener sobre él efectos, que hoy llamamos febrífugos, somníferos, diuréticos, para uso interno, y cicatrizantes, para uso externo.
Así pues, ¿desde cuándo el hombre sabe que la reina de los prados contiene ácido salicílico, al mismo tiempo que hierro, calcio y azufre, sin haberlos llamado así jamás?
Las plantas y la Magia
Sin embargo, las plantas de las que Plinio el Viejo alaba sus propiedades son tradicionales, clásicas.
Esto no quita nada a su carácter mágico si, evidentemente, entendemos por magia la ciencia que practicaban nuestros antepasados, cuyo arte consistía en emplear elementos sacados del gran jardín de la naturaleza para el provecho del bienestar de los demás.
En este caso, nos hallamos en el universo de los remedios de bonafama, es decir, de buena reputación, que una tradición popular europea tradujo por «remedios de buena mujer», sin duda porque las mujeres, en la Edad Media, se preocupaban más que los hombres de los poderes y propiedades de las plantas. Por nuestra parte, nos vamos a centrar en las plantas más raras, con propiedades y poderes más extraños y excepcionales, cuyo carácter mágico, esta vez, podría relacionarse con fuerzas sobrenaturales, divinas o diabólicas, en función de la época, las creencias y el uso que se hacía de ellas. Vamos a proponer un paseo por el mundo de las plantas mágicas, algunas de las cuales tienen propiedades afrodisíacas, narcóticas o a veces temibles efectos tóxicos y mortales. Estas plantas han acompañado al hombre a lo largo de siglos y milenios de su historia y, como puedes constatar, algunas de ellas, como el cacao, el café o el tabaco, forman todavía parte integrante, todavía y más que nunca, de nuestra vida cotidiana.
Suscitan siempre la misma fascinación, los mismos placeres, los mismos peligros y chocan siempre con las mismas prohibiciones.
El tiempo pasa, pero nada cambia en el comportamiento de los hombres y las mujeres, en la expresión de sus deseos, sus necesidades y sus sueños. Todavía sufren los mismos males o aún experimentan, más o menos en función de los individuos, por supuesto, el mismo malestar, las mismas angustias, la misma sed de absoluto. ¿Sabías que más del 80% de los medicamentos químicos que existen hoy en día y que vemos en las farmacias, están fabricados con plantas? En el gran libro de la naturaleza es donde el hombre encontraba, y todavía encuentra, todas las respuestas a sus preguntas, todas las soluciones a sus problemas y todos los remedios a sus males.
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