Al igual que el pez grande come al chico, el nativo de este signo tiene que aprender a sobrevivir en el salvaje mundo de la economía y del trabajo. Muchas veces la rabia y el coraje afloran en el nativo Piscis a consecuencia de tener que simplemente defenderse de aquellos que parecen carecer de escrúpulos. Es normal que Piscis pase por etapas en las que el trabajo y la estrategia de la vida le pesen en exceso. Más que el trabajo en sí, serán las relaciones humanas que surjan en el entorno profesional las responsables de sus decepciones.
Pero la suerte nunca abandona del todo a este nativo. Sin que apenas pueda explicárselo, y como de la noche a la mañana, Piscis encontrará que todo ha cambiado. Simplemente su forma de ver la vida enfoca distintos objetivos y sin saber muy bien cómo ha sucedido, la ilusión y el entusiasmo le devolverán la alegría perdida.
Más que intentar centrarse en generar una estrategia sólida y definida, el nativo de este signo debe cuidarse a la hora de elegir a las personas con las que edificar su vida. Como ya hemos visto, Piscis no es un espíritu emprendedor. Se le da mejor ocupar un papel secundario de menos protagonismo. Pero si se deja arrastrar por personas de dudosa honradez, se puede ver envuelto en truculentas tramas muy difíciles de solucionar.
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