Quizá un posible denominador común que sirva para todos los nativos de este surtido signo, podría ser la búsqueda de experiencias superlativas que hagan vibrar todas y cada una de las partículas de su ser. A Piscis le encanta el dramatismo de la vida, sentirse como una parte ínfima de la naturaleza, que al mismo tiempo que le fascina genera en él gran sobrecogimiento. Este nativo suele estar muy ligado a su pasado personal. Le encanta recordar una y otra vez las viejas aventuras de su infancia, en las que la fusión y el contacto con el ambiente era total. La historia familiar y los lazos con las personas muy afines a su vida no cesa de generar en Piscis gran responsabilidad. A este nivel es una persona muy concienciada y bastante comprometida aunque su naturaleza particular le haga viajar y perderse con el simple vuelo de una mosca.
Muchos nativos de este signo suelen desarrollar una creencia acérrima en los dictámenes de su mente. No sólo dan prioridad absoluta a sus pensamientos, sino que se interesan enormemente en todo lo que tenga que ver con la mente y el desarrollo lógico. Algo que, sin duda, hay que entender como un comportamiento compensatorio, ya que es muy raro encontrar un Piscis que se guíe fielmente por lo que le dicte su razón. En el fondo de este nativo siempre acaba operando una intuición y una fuerza instintiva que por lo general resulta muy acertada, pero que muy poco tiene que ver con el mundo de las ideas.
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