La Pachamama

Para acercarnos a la diosa de la tierra, la gran dadora de abundancia y fertilidad, debemos empezar por cuidar nuestro lugar y buscar la forma que mejor se adapte a nosotros para rendirle ofrendas.
Qué lejos estamos en las actuales ciudades de sentir el valor que tiene la Madre Tierra en nuestras vidas. Somos hijos de Pachamama o Madre Tierra y debemos adorarla como se merece. Sin embargo, nos hemos alejado demasiado de ella. Por un lado dejamos que las ansias de poder nos envuelvan en un avance humano en el que el valor reside en la intangibilidad de lo financiero, el consumo del materialismo adormecedor, el llenar nuestras vidas con sucesos efímeros, que nada dejan y nada aportan a nuestro ser ni a nuestro semejantes.
Una de las tantas tareas en esta vida es ver quiénes somos, descubrir cuáles son nuestras raíces, y a quién debemos rendirle honores y ofrendas. Sin embargo, para ello, tampoco debemos olvidar que somos seres portadores de divinidad y somos los intermediarios entre el cielo y la tierra y que nuestra humanidad reside, en parte, en reconocernos de esa manera. Obrar consecuentemente es entonces la forma de ser verdaderos hijos de la Pachamama, porque a través de nuestros actos divinos con el entorno lograremos la armonía en nuestras acciones humanas.
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