En muchos pueblos de las tierras emeritenses podemos ver durante el solsticio de verano y la noche de San Juan cómo los vecinos llenan de agua grandes barreños, a los que arrojan flores aromáticas -corno rosas, verbenas, claveles, jazmines, madreselva o hierbaluisa, entre otras- y que permanecen en remojo durante toda la noche para al amanecer ser mostrado al Sol y tenido como un “curalotodo”. Un remedio mágico utilizado sobre todo para sanar erupciones, extirpar pecas, estirar el cutis, dar belleza y tener una salud inquebrantable.
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