Pies, piernas y rodillas
A partir de los símbolos evocados por las letras-Número de la cabala, trazaremos el retrato de un ser humano, cuyo cuerpo es un Árbol de la vida.
Si el ser humano puede compararse con un árbol o si, efectivamente, es un árbol, ¿dónde están sus raíces: en su cabeza o en sus pies? Al tratarse de un árbol, tendemos a decir que están representadas por sus pies o, en todo caso, que constituyen unos vínculos invisibles que unen al hombre con zonas subterráneas; puesto que, después de todo, las raíces existen aunque sean invisibles. Sin embargo, como vimos con El Colgado, el duodécimo arcano mayor del tarot adivinatorio, relacionado con lamed, duodécima letra-Número del alfabeto hebraico, y el signo Libra y, a juzgar por las representaciones simbólicas inherentes a esta figura del Colgado, el ser humano se considera un árbol al revés que, justamente, bajo el aspecto del Colgado, retoma su posición original y final al mismo tiempo. De tal manera, en su cabeza figuran las raíces, mientras que sus pies son representaciones de sus ramas.
Sin embargo, esta inversión raíces-ramas, es decir, cabeza-pies, tiene cierto sentido, valga la expresión. Significa que cada uno de nosotros, sobre el modelo de este hombre del revés, debe producir sí mismo una inversión de valores, de energías y de su conciencia, movimiento prodigioso y regenerador, maravillosamente representado por el signo Acuario, del cual es símbolo esencial, puesto que la función de Acuario es la de verter agua, inviniendo el cántaro o ánfora para que corra el
agua que contiene y circulen las energías. Se trata de la famosa «inversión de las luces».
Los pies
De tal manera, si los pies del ser humano son sus ramas, la tierra firme sobre la que los pies se posan es el cielo del hombre. La tierra es nuestro cielo. ¿No es una hermosa imagen poética? A la inversa, según este principio, también podemos decir que el cielo es la tierra del hombre, ya que sus raíces no se hallan bajo el cielo sino en el cielo, de donde saca toda su energía. Al respecto, observemos que durante la vida intrauterina el pequeño ser que se forma en el útero se mantiene en una posición parecida a una media luna, dibujando una C. Así, durante su crecimiento, diríamos fetal y biológico, sus pies, manos y cabeza se reúnen, es decir, adopta naturalmente una posición fetal. Ahora bien, es bien sabido que cuando la luna forma una C en
el cielo, en realidad, decrece. De lo cual podemos deducir que el crecimiento biológico del ser humano coincide o implica cierta regresión necesaria de su conciencia. Luego, una vez fuera del cascarón, el ser que haya alcanzado lo que podemos llamar su madurez biológica, como un fruto maduro, sólo puede decrecer, retroceder y degradarse biológicamente. Con la edad, sabemos que sus células se empobrecen. Pero luego, para vencer a la muerte y salir de este círculo fatal, puede adoptar la postura denominada del arco, en hata yoga, o de feto invertido, las manos co giendo los tobillos para que se unan la cabeza y los pies, tirando brazos y piernas hacia atrás. Al igual que la luna cuando crece, en este caso el cuerpo forma una D. Tanto en un caso como en el otro, todos los gérmenes de las energías primordiales, que se hallan debajo de los pies y en los pies, se unen a la cabeza, vueltos hacia sí, recogidos hacia sí mismos en la vida fetal, abiertos al mundo, a todo, a la vida, en la postura, del acróbata que representa el cumplimiento último del ser.




