Muslos, pelvis, riñones y sexo
Nuestro cuerpo es lo que somos. Si todos sintiéramos curiosidad por tomar algunas lecciones de anatomía y disponer así de nociones de esta ciencia del cuerpo humano, sumiéndonos al mismo tiempo en la simbología del cuerpo elaborada por nuestros antepasados con mucha agudeza y precisión, seríamos capaces de interpretar nuestros síntomas, es decir, leer y traducir el lenguaje del cuerpo. Realmente, sabemos que el cuerpo tiene su propio lenguaje y lo que nos dice no carece de interés. Y lo que aún es más, «síntoma» no significa sistemáticamente enfermedad. En efecto, las raíces etimológicas de esta palabra nos enseñan que deriva de una palabra griega cuyo significado es sinónimo de coincidencia, es decir, «caer juntos, ocurrir en el mismo momento».
«Síntoma» significa, pues, «coincidencia de signos».
A menudo hemos señalado en muchas páginas de este sitio web que los orígenes etimológicos de las palabras nos informan sobre su verdadero sentido, que a través de los tiempos hemos deformado, alimentándonos de mentiras que han terminado por constituir una verdadera contracultura popular.
Pero, tarde o temprano, la curiosidad puede empujarnos a buscar los orígenes, para encontrarnos de lleno en la verdad, por supuesto nuestra verdad, puesto que no hay nada más cambiante que la verdad, y la única verdad es, tal vez, la del instante presente, es decir, la del momento preciso en que la encontramos.
Los muslos
Ahora bien, cuando el ser humano busca la verdad o la persigue, pone en movimiento sus muslos, sus piernas, sus pies y, evidentemente, también todo su cuerpo. Pero el impulso del movimiento de las piernas y su fuerza provienen de los muslos. De manera que, así como en los ríñones, es donde residen las pulsiones y los deseos, el impulso que empuja a avanzar se sitúa en los muslos.
La pelvis
En la pelvis del ser humano se sitúa toda la problemática del caminar, avanzar y conducir. Los cabalistas la denominaron la «puerta de los hombres». Esta «puerta», en efecto, es el paso obligatorio para que las energías circulen de abajo arriba y de arriba abajo, en un ciclo sin fin, que es el de la sangre, entre otras cosas, que corre por las venas y las arterias. Cuando la sangre no circula bien, cuando hay un corte, una interrupción o perturbación en la región de la pelvis, casi siempre existen problemas arteriales o venosos. Tampoco olvidemos que bajo la pelvis se encuentra un punto energético de primera importancia, vital y regenerador, que corresponde al Muladhara-Chakra, situado en los órganos genitales y el ano, y que se considera el centro de energías psíquicas y pulsionales.




