Mesopotamia

Veamos cómo en Sumer, y luego en Akkad, los hombres imaginaron el nacimiento del mundo.

mitos

En esta gran civilización antigua, que fue sin duda cuna de la nuestra, cuya cultura, mentalidad y creencias todavía están presentes como telón de fondo en muchos de nuestros estilos de vida y de pensamiento, las Cosmogonías, es decir los mitos del nacimiento del mundo, comunes a todos los pueblos y a todas las sociedades mínimamente estructuradas, brillan por su ausencia. En el país «entre ríos», como le llamaban los griegos (es lo que significa literalmente Mesopotamia), en Sumer en los primeros tiempos, y luego en Akkad, durante el reino de las famosas ciudades-estado independientes, parece que se preocuparon bien poco de saber cuándo y cómo nació el mundo.

 

Hasta la llegada de los babilonios, durante la segunda mitad del II milenio antes de nuestra era, no aparece un mito un poco elaborado de la creación del mundo, en un texto que en adelante sería célebre, el Enuma elish, que relata cómo la pareja primordial, formada por Tiamat y Apsu, creó el universo.

Las leyendas míticas del nacimiento del mundo en Sumer
En esta civilización naciente, poblada por innumerables dioses, que surgió hacia el V milenio antes de nuestra era, donde sumerios, cuyo origen es desconocido, y semitas, los pueblos autóctonos, se mezclaron y se enfrentaron sucesivamente, tal vez los seres humanos estaban demasiado ocupados con su presente, organizándose para vivir en pueblos primitivos cada vez más grandes, estructurados y autónomos, como para estudiar el mundo, su mundo, antes de su creación.

Por otro lado, podríamos decir que, cuanto más recursos para ejercer un poder sobre la naturaleza han empleado los hombres y las mujeres, más han sentido la necesidad de justificar sus actos, como si actuando así, tuvieran el sentimiento de engendrar un desorden en el mundo que, antes de eso, les parecía perfectamente armonioso y coherente.