Grecia
Atum, Khnum, Khepri, Amón y Sobek fueron representaciones del mismo demiurgo que, según los egipcios, creó el mundo.

Desde el Renacimiento, el pensamiento, la filosofía y las bases ideológicas de la civilización griega ejercieron una gran influencia sobre el espíritu científico y político de los occidentales. La literatura, la escultura y el espacio pictórico de los griegos marcaron el imaginario europeo, a pesar de las prohibiciones de la Iglesia, que hizo lo imposible para que la ciencia griega permaneciera oculta, escondida, ridiculizada y olvidada.
Los romanos se inspiraron mucho en el modelo griego y, seguidamente, las naciones de Europa, e incluso del mundo, que al adoptar el sistema democrático, las asambleas parlamentarias y el senado, imitaron a los griegos. Sin embargo, desde hace algún tiempo, los historiadores tienden a mirar el mundo griego con menos admiración y con más espíritu crítico. Simultáneamente, su curiosidad les lleva a investigar con más rigor la cuna o, para ser
más exactos, las raíces de esta civilización.
Normalmente, al estudiar y analizar los cuentos y leyendas de la gran mitología griega; de la cual se puede decir que es parte integrante de nuestra cultura occidental, y al remontarnos hacia sus fuentes, nos damos cuenta de que los pensadores y artistas griegos obtenían su inspiración de los mitos y creencias de las tradiciones me-sopotámicas, egipcias y tal vez incluso de ciertas tribus africanas.
En los orígenes de la mitología griega
La mitología griega ha ejercido tal influencia en la mentalidad occidental, que durante mucho tiempo se ha creído que simbolizaba a la mitología en sí misma.
Ahora bien, sabemos que los mitos, los símbolos y las leyendas que les acompañan, forman juntos una constante en la historia de los hombres y las mujeres, que hallamos en todas partes, en todas las épocas, bajo formas distintas, pero que siempre cuentan más o menos las mismas historias, las mismas peripecias y los mismos prodigios. Sin embargo, el éxito que ha tenido la mitología griega a lo largo de los siglos se ha debido seguramente al hecho de que pone en escena una historia de dioses y hombres muy bien construida, con una jerarquía divina rigurosa, unos relatos fantásticos y espectaculares, que impresionan las conciencias pero, sobre todo, que se hacen eco de las costumbres, debilidades y emociones humanas.




