El loro

Existen más de 300 especies, la mayoría de ellas viven en Australia, África central y oriental, Oriente Medio, India y el sudeste de China.
A modo de ejemplo, y por citar sólo algunos, la cotorra y la cacatúa son aves que se posan, cuyas patas prensiles tienen la particularidad de poseer dos dedos vueltos hacia atrás, lo que les permite, por ejemplo, agarrarse de manera firme y sólida a una rama de árbol.
Con su pico grueso y ganchudo, cortan y arrancan los brotes que tanto les gustan, pero también se nutren de insectos y de larvas. Al igual que el perro, el elefante y el cuervo, parece que el loro tiene la capacidad de descodificar el lenguaje humano, gracias a una especie de receptor de palabras humanas. Y lo que aún es más, posee una lengua córnea y carnosa, que a veces le permite imitar la voz humana.
En la mayoría de las especies, la hembra pone de 2 a 6 huevos, que incuba sola, aunque durante la nidificación los loros viven en pareja.
Mitos y leyendas
De las personas que no paran de hablar se dice que «hablan como cotorras». Al mismo tiempo, los estudiantes que memorizan sus lecciones de principio a fin, sin impregnarse de veras de la sustancia y conocimientos de las mismas, se han ganado a pulso la fama de «recitar como loros», a pesar de que ninguna de estas aves está capacitada para reproducir íntegramente la lista de los reyes godos o la tabla periódica de los elementos. Por otra parte, si no se cesa de afirmar que el perro es el mejor amigo del hombre, tampoco hay que olvidar que el loro (sobre todo, la cacatúa) fue el más pintoresco compañero de los piratas y bucaneros que surcaron los mares en los siglos XVII y XVIII. Aquellos forajidos de la marinería habían encontrado en el pico duro y ganchudo de los loros un parentesco biológico con el garfio que cubría sus muñones.




