La lechuza

Si llamamos así a esta especie de ave rapaz nocturna, sin duda es a causa de sus hábitos noctámbulos. La explicación tiene una base etimológica: en romance castellano del siglo XIII, el nombre de este animal era «nechuza» y derivaba del término aún más antiguo «nochuza». Según explicó el reconocido etimólogo J. Corominas, la palabra «nechuza se alteró en lechuza por influjo de la superstición antigua de que la lechuza gustaba de echarse sobre los niños de teta como si los amamantara».
A la lechuza le gusta refugiarse en los campanarios de las iglesias, viejas granjas, graneros o ruinas, razón por la cual casi siempre se la representa solitaria y también causa por la que está desapareciendo poco a poco, al ser los graneros y los campanarios cada vez más escasos.
La hembra pone entre 4 y 6 huevos, dos veces al año, a ras de suelo.
Mitos y leyendas
La lechuza se asoció a la noche y también, por supuesto, a la Luna. De manera que para los aztecas, así como para los antepasados de la civilización inca, simbolizaba la Casa de la Noche, mientras que el águila, su opuesto, representaba la Casa del Día.
Cuando se representa a una lechuza como símbolo de adivinación o clarividencia, tenemos que distinguir la lechuza del autillo. La primera vela por los vestigios del pasado, por consiguiente, por el conocimiento y el saber ancestrales, los cuales este animal es susceptible de transmitir a quien le corresponda, mientras que el segundo tiene el papel de guardián de la noche, que protege al hombre de los demonios o le advierte si éstos se manifiestan o le ponen en peligro.




