La Montaña
Lugar inaccesible, puente entre el Cielo y los dioses, la montaña, cuya misteriosa cima casi siempre está cubierta por las nubes, es una representación del eje del mundo que ha alimentado muchas leyendas.

La montaña es un puente, un lugar de paso entre el Cielo y la Tierra, y viceversa. La montaña fue considerada, en primer lugar, la sede de los dioses presentes en la Tierra y durante mucho tiempo se veía como un lugar hostil e inaccesible, en cuya cima se desencadenaban los elementos (el fuego del volcán y el fuego inverso de las heladas y la nieve, que igualmente quema, las tormentas y las tempestades); a continuación, fue probablemente un lugar sagrado y privilegiado que los dioses escogieron para vivir en la Tierra; por último, es el lugar sagrado, bendito, prohibido a todo lo profano, donde los hombres y los dioses se encuentran, donde el hombre elegido o temerario que realiza su ascensión al monte divino ve al dios que ha descendido hasta allí. En la cima de la montaña, el hombre y los dioses entran en contacto.
Moisés, el Monte Horeb o Sinaí
Las Escrituras llaman indistintamente Horeb y Sinaí a este monte sagrado, cuyo nombre significa «árido». La más bella leyenda mítica conocida al respecto es, evidentemente, la de Moisés emplazado en la cima del macizo del Sinaí, donde recibió las Tablas de la Ley de la mano de Yahvé. Pero este mito va unido, en primer lugar, a la simbología general de la montaña, por la razón de que, también según la Biblia, fue en el monte Horeb donde tuvo lugar la revelación de la zarza ardiente. En efecto, es allí donde por primera vez el profeta Elias subió hasta Dios, «en la montaña de Dios, Horeb» (1 Reyes, 19, 8), y donde acudió Moisés para vivir la experiencia de
la «zarza ardiente» (Éxodo, 3, 2). Históricamente, hay algunos siglos de diferencia entre Elias y Moisés. Pero también sabemos que los 5 libros o rollos del Pentateuco, según los griegos, o de la Tora, según los judíos, fueron redactados más tarde por cierto número de autores que se inspiraron en las diferentes fuentes y crearon los lazos simbólicos entre tales hechos, sin duda históricos, diferentes y, cronológicamente, lejanos uno de otro.




