La cruz
La cruz simboliza la unión entre el Cielo y la Tierra, el Árbol de la vida, lugar sagrado donde se fusionan el espacio y el tiempo. Es uno de los símbolos más bellos y antiguos.
La cruz, antes de convertirse en la seña de identidad de los cristianos y en su símbolo, fue sin duda uno de los primeros símbolos mágicos y místicos universales utilizados por los hombres para representar una orientación en el espacio, pero también para representar la reunión o unión que une dos veces dos puntos, dos mundos o dos fuerzas opuestas y cruzadas: lo de arriba y lo de abajo, el cielo y el infierno, la derecha y la izquierda o el bien y el mal.
Este cruce entre los elementos celestes y terrestres, invisibles y visibles, divinos y humanos, es el origen de una unión, una conclusión, que puede producirse en el hombre si éste se identifica e integra en la cruz. Estará entonces en el punto de encuentro de energías verticales y horizontales. La cruz, figura universal, por un lado, une el norte y el sur, escuna representación del eje vertical del mundo, del árbol cósmico o Árbol de la vida; y, por otro lado, une el este y el oeste, es la imagen de la línea del horizonte, por encima y por debajo del cual salen y se ponen los astros, nacen y mueren los hombres.
El eje vertical del mundo se sitúa, pues, en el centro del eje del horizonte. Desde este punto de encuentro se realizó una división en cuatro estaciones, luego en cuatro elementos y en cuatro períodos del año. Asimismo, al situar esta cruz -que es también la figura del cuadrado- en el interior del círculo, el hombre tomó conciencia del círculo y creó la rueda. En cierta forma, la cruz, el centro, el círculo y el cuadrado forman un todo indivisible. Así es como la cruz se puede utilizar para representar el centro, un círculo o simbolizar un cuadrado, ya que la cruz es todo ello a la vez.
El círculo contiene la
cruz y el cuadrado, pero la cruz implica forzosamente un círculo y un cuadrado. En todo caso, lo que se revela como un símbolo incontestable y común al círculo, al cuadrado y a la cruz es el centro, que en el hombre corresponde al corazón, el Sol del cuerpo, la fuente de vida. La cruz es también el cruce de caminos, el punto de encuentro, la encrucijada y, en este sentido, es un símbolo del destino. En efecto, la encrucijada es el punto donde se cruzan cuatro caminos. Es, pues, un lugar mágico, un centro, un pasaje, una puerta, un umbral. De ahí viene la expresión de estar en una encrucijada en la vida.
Aun más, cuando, hasta el siglo X de nuestra era aproximadamente, se veneraba todavía a Hécate -la diosa griega maga a quien se atribuía el poder de hacer cumplir los deseos y de satisfacer las demandas de los que creían en ella-, se la invocaba en las encrucijadas, consideradas entonces lugares sagrados y dedicados a la magia. Las mujeres se daban cita allí, a menudo para implorar a la diosa que el bien acompañase a sus hijos. La Iglesia romana vio en ella la figura de la reina de las brujas y prohibió su adoración.




