El halcón

Existen muchas especies de halcón, cada una muestra sus propios hábitos y peculiaridades.
Citemos, entre otras, el halcón común o neblí, que durante la estación de los amores, su canto nos recuerda al sonido de una carraca y al que los leprosos en la Edad Media debían utilizar para anunciar su llegada; el halcón esmerejón, llamado así por su habilidad para abalanzarse sobre su presa (pájaro o insecto) en pleno vuelo, con gran precisión -la voz esmerejón también se aplica a una antigua pieza de artillería de pequeño calibre-; el halcón gerifalte, cuyo nombre etimológicamente significaba en antigua gemianía «el que roba, el que hurta», que es lo que hace este pequeño rapaz cuando ataca a otro pájaro para alimentarse, pero también para anidar, ya que tiende a saquear el nido de otras aves antes de construir el suyo; el halcón peregrino, del latín peregrinus, que significa «que viene del extranjero», puesto que, efectivamente, lo encontramos en todos los continentes y es más bien nómada y migratorio que sedentario.
Mitos y leyendas
En Egipto el halcón era, en primer lugar y principalmente, una representación de Horus, llamado Har en egipcio, es decir, el muy elevado o el lejano. Se le consideró hijo de Isis y Osiris y el ojo de Ra, dios solar y de los dioses de Egipto.
Pero también era Sokaris o Sokar, el dios halcón, protector de la necrópolis de Menfis, así como Soped, otro dios halcón, esta vez asociado a Sothis, es decir, la estrella Sirius, a partir de cuya situación astronómica y anual los egipcios crearon su calendario y su zodíaco. Como vemos, pues, el halcón era un importante principio celeste y divino en Egipto.




