La golondrina

La que todos conocemos es la llamada golondrina común o tijerita. Le gusta la compañía de los hombres y anida a menudo debajo, encima o a un lado de las ventanas, sobre los balcones, en las grietas de las paredes de las fachadas de las casas, bajo las cornisas o los canales de los tejados.
Cuando vemos que las golondrinas vuelven de la lejana África hacia el mes de marzo, para instalarse en los lugares donde ya habían estado durante el año precedente, sabemos que la primavera ya ha llegado.
Construyen su nido de temporada con pequeñas bolitas de tierra que untan con saliva y que cementan con hierbas o briznas de paja que cogen de los campos. Generalmente, tienen dos nidadas de aproximadamente 5 huevos por temporada, que incuban durante un par de semanas. Aunque la velocidad de su vuelo puede alcanzar hasta 80 kilómetros por hora, no tienen ninguna dificultad en pillar con su pico, los insectos que tanto les gustan, en pleno vuelo. Hacia finales del mes de septiembre, se agrupan en los hilos eléctricos, antes de migrar hacia África.
Mitos y leyendas
Símbolo de fecundidad porque tiene dos nidadas por temporada, la golondrina fue sobre todo emblema de la clarividencia. En efecto, los griegos la llamaban khelidon, de donde deriva celidonia o hierba de la golondrina.
Según Plinio el Viejo, la golondrina devuelve la vista a sus pequeños, que nacen ciegos, alimentándolos con tallos de celidonia. Por otro lado, este pequeño pájaro que anida cada año en el mismo sitio, era símbolo de felicidad, fidelidad y nacimiento. Así pues, para nuestros antepasados, matar una golondrina traía mala suerte o podía dejarte ciego.




