La garza

Existen cuatro especies principales: la garceta común, presente en todo el mundo; la garcilla cangrejera, que se encuentra sobre todo en el sur de Europa (Doñana) y en el norte de África; la garza real, que vive en casi toda Europa, y la garza imperial, cuya población se encuentra en el sudeste de Europa, pero que también vemos en el sudoeste de Francia y en Portugal. Son sobre todo las garzas reales y las imperiales las que conocemos mejor. Un poco más grandes que una cigüeña, viven esencialmente en las marismas y cerca de los estanques.
La hembra pone 3 o 4 huevos cada año, entre los meses de marzo y mayo, pero el macho contribuye a la incubación durante aproximadamente 28 días. Las "garzas se alimentan de peces, ranas, reptiles, moluscos e insectos. Desde principios de octubre, emprenden el vuelo hacia África, de donde no vuelven hasta el siguiente mes de marzo.
Mitos y leyendas
Hay una leyenda de la mitología griega que tiene que ver con la garza. Se trata de la leyenda de Escila, hija de Nisos. Por amor a Minos, el rey de Creta que ansiaba el reino de Nisos, Escila traicionó a su padre. Entonces, Minos venció a Nisos y se apoderó de su patria, gracias a Escila.
Sin embargo, no mantuvo su promesa de casarse con ella y, aterrorizado por la traición hacia su padre, la ató a la proa de su navio de guerra. Los dioses del Olimpo se apiadaron de ella y la salvaron de morir ahogada y la transformaron en garza.
Por ello, pudo emprender su vuelo libremente hacia el cielo. Desde entonces, la garza simboliza al mismo tiempo la pasión ciega, la traición y la redención. Por otro lado, al observar esta ave hurgando en las marismas con su largo pico para buscar alimento, nuestros antepasados hicieron de ella el símbolo viviente de la curiosidad, pero también el de la indiscreción.




