El Laberinto

Está presente en todos los rincones del mundo, en todas las culturas y civilizaciones, lo encontramos sobre todo en Grecia, desde el milenio V, concretamente grabado en cerámicas, pero incluso aparece antes en los grabados rupestres descubiertos en los Alpes italianos, que se remontan al milenio VI.
También tuvo un lugar importante entre los indios americanos, especialmente para los incas, en Perú. Entre sus vestigios fueron descubiertas inmensas figuras laberínticas emplazadas sobre las mesetas de la cordillera de los Andes, en el valle de Nazca, donde algunos alcanzan hasta 120 metros de largo y de los que se cree que fueron realizados entre los años 300 y el 600 antes de Cristo. Pero el laberinto también se representó, desde muy antiguo, en Egipto y Siria, en la India y en el Tíbet, en África y en los diferentes pueblos de las islas australes, también, por supuesto fue conocido en Europa. En resumen, apareció en todas partes del mundo. Por último, más próxima a nuestros tiempos, la Europa de las catedrales y de las construcciones de la época llamada gótica adoptó la figura del laberinto, que fue entonces utilizada en la creación de muchas vidrieras.
Uno de los símbolos más bellos de la iniciación a la vida espiritual
Es de destacar que todos los hombres y mujeres del neolítico, de Norte a Sur, de Este a Oeste, hayan tenido las mismas visiones o interpretaciones de su
mundo, del Cielo y de la Tierra, universalmente representados por el círculo, la espiral, la cruz, el laberinto, etc. Estos símbolos están cargados de significados tan evidentes, representaron tal papel en nuestra aprehensión física y mental de nuestro espacio vital, que nos basta con mirarlos para comprenderlos, aunque ya no conozcamos sus funciones, utilidad, lenguaje y principios esenciales. Es que, inconscientemente, todavía sabemos que son el origen de todos los lenguajes que hemos elaborado para entrar en comunicación con los elementos de la naturaleza, con nuestros congéneres, para nombrar, indicar, diferenciar los seres y las cosas. El laberinto es un recorrido iniciático. Se entra en él por una puerta o, más exactamente, uno se ve inmerso en él, con el fin de encontrar, comprender o hacer algo. Casi siempre, se sale por la misma puerta, pero después de haber seguido un camino tortuoso, compuesto de pasillos y habitaciones, algunas de las cuales no tienen salida. De esta forma, toda la simbología relacionada con el laberinto presenta numerosas analogías con la de la gestación, la de la vida intra-uterina o la del orden que surge del caos, así como la de la lucha de la vida que resiste a las fuerzas destructoras y caóticas, y también a la muerte.




