El Árbol de la vida según la cábala

El ser humano es un Árbol de la vida en potencia. El Árbol de los sefirot de los cabalistas es un ejemplo muy representativo.

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El Árbol de la vida es un mito recurrente y universal. Ejemplo de ello es el árbol mítico en el que se inspiran los redactores de la Biblia al evocar el Árbol de la vida en estos términos: «Hizo Yahvé Dios brotar en él de la tierra toda clase de árboles hermosos a la vista y sabrosos al paladar, y en medio del jardín el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal» (Génesis 2, 9), seguramente se trataba del Kishkanu negro, un árbol sagrado y divinizado, según las leyendas mesopotámicas, cuyas raíces, sumergiéndose hacia el centro del mundo, es decir, hacia el Abajo, se encontraban en la morada de Enki-Ea, dios de las «Aguas», de la vegetación y de la agricultura.

Sin embargo, a propósito de este extracto del texto del Génesis, es bueno subrayar que existe una amalgama, causa de confusión, en torno al Árbol de la vida y el del bien y del mal, ya que claramente no son el mismo. Por eso, el que se parece al «Árbol de la vida» en medio del jardín del Génesis es el Kishkanu mesopotámico, no «el árbol de la ciencia del bien y del mal».

La prohibición de Yahvé recaerá en el árbol del conocimiento del bien y del mal, no en el Árbol de la vida: «De todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal, no comas; porque el día que de él comieras, ciertamente morirás». (Génesis 2, 16-17.) Estos dos árboles están tan confundidos que a menudo se les ha mezclado.

En efecto, desde que el Hombre comió del árbol de la ciencia del bien y del mal, fue expulsado del Edén, y ya no pudo alimentarse del Árbol de la vida. En otros términos, el conocimiento que adquirió le hizo perder la vida, la copa de su sustancia original. Conoció el mundo, pero ya no se conocía a sí mismo. Perdió su norte, su vía, su razón de ser. Y mientras no muera por sí mismo, caminará en la oscuridad y vivirá en la ignorancia.