El Aire

Vivimos gracias al aire que respiramos. Sin embargo, el Aire es a la vez vital y fatal, mágico y ambiguo.

simbolos

En astrología, para confeccionar una carta astral, se toma como punto de referencia el momento exacto en que el niño recién nacido efectúa la primera respiración completa (inspiración-espiración). Este ritmo de vida es también un ritmo de muerte. De hecho, el aliento que permite al niño vivir libre, desligado del cordón umbilical, a través de sus pulmones y su sistema respiratorio, consiste en un movimiento binario constante. Tomar aire significa vivir, ser independiente. Exhalar el último suspiro, expirar, significa entregar el alma, morir.

El aire, el viento, el soplo divino y el alma
El alma y el soplo divino siempre han estado íntimamente ligados. Pero este soplo no es el alma, sino su vehículo. Ambos son invisibles, impalpables. El aire, ya sea soplo o viento, se impregna de perfumes, olores, del calor y del frío de los espacios que ocupa por entero y en los que evoluciona libremente. Al colocar la mano delante de la boca, puedes sentir el calor de tu hálito. El aire es el alimento de los dioses, gracias al hálito el organismo produce el calor de la vida o el fuego interior. Del mismo modo, cuando sopla el viento, no es a éste a quien vemos y oímos, sino que únicamente percibimos el movimiento de las ramas de los árboles y el revuelo de las hojas. La respiración es un acto espontáneo, instintivo, vital, que permite al hombre vivir, animarse. Pero su aliento no es el aire; sino el acto de respirar. Tampoco el viento es aire.
Resulta de los desplazamientos de aire producidos por los movimientos de rotación de la Tierra sobre sí misma. Así pues, si el viento se desplaza a través del aire invisible, pero real y omnipresente, sin el cual toda forma de vida sería imposible, el aliento puede, de la misma manera, desplazarse a través del alma, que hace al individuo distinto de sus semejantes, singular, inteligente y libre. Incluso, podemos decir que es la prueba simbólica de la existencia del alma. El aliento es también el vehículo del pensamiento, del espíritu, de los sonidos, de la voz, de la palabra y del verbo. Aquí también estamos ante cosas invisibles que se manifiestan en el mundo real gracias al aire. Por ejemplo, de la misma forma que la madera es el destino del fuego, como dicen los chinos, el aire condiciona al fuego. El aire es el mismo para todos, pero el aliento es único. En efecto, cuando inspiramos, tomamos el aire que todo el mundo respira. También, si se prefiere de otro modo, todos cuantos nos rodean respiran el mismo aire que nosotros. Sin embargo, cuando espiramos, cuando emitimos un hálito de aire, podría decirse que hemos producido un aire que nos pertenece, que ha pasado por el filtro de nuestros pulmones, un aire individualizado.
Los pulmones son los encargados de la respiración. Pero también la piel respira, a través de sus poros. Se nutre con el aliento de la vida. Es la razón por la cual los nativos de los signos de aire (Geminis, Libra, Acuario) tienen a menudo la piel fina y sensible y pueden mostrar una sensibilidad a «flor de piel».