El cuclillo

Al igual que el cuervo y la corneja, también pertenece al grupo de los paseriformes. Sin embargo, si bien su canto en primavera es agradable al oído -alegría de grandes y pequeños-, hasta tal punto que su nombre, que en un principio ya era una onomatopeya («cu-cú»), se convirtió en la interjección que algunas personas emiten cuando quieren crear un efecto de sorpresa, no menos conocida es su reputación por sus hábitos perezosos y parásitos.
En efecto, tiene por costumbre poner uno de sus huevos en el nido de otros pájaros, generalmente paseriformes como él. Y cuando su pajarillo, alimentado por un pájaro hembra diferente a su madre, sale de su caparazón y crece, acostumbra a arrojar al suelo los huevos de la nidada de sus padres adoptivos. Todo esto le valió una nefasta reputación, como podemos imaginar.
Mitos y leyendas
Sin embargo, tanto en Europa como en Asia, a pesar de sus costumbres un tanto particulares, pero seguramente justificadas por necesidades vitales que no tienen nada que ver con juicios de moral humanos, el cuclillo o cuco simboliza la primavera.
Especialmente en la India y en el Tíbet, donde este pájaro y su canto representan la llegada de esta estación y, por supuesto, la eterna renovación, la Buena Nueva, como la llaman los cristianos, pero también el bienestar espiritual obtenido por una renuncia espontánea.
En efecto, en el Extremo Oriente, el hecho de que la hembra del cuco ponga sus huevos en otros nidos se considera un símbolo de renuncia al mundo y es señal de una gran elevación espiritual, lo cual coincide con el advenimiento de la primavera y, por consiguiente, con la renovación de la vida.




