El cisne

Según su origen, sin duda indoeuropeo, «cisne» significa «el blanco». Y, efectivamente, esta gran ave, de la misma familia que la oca, se caracteriza por su magnífico plumaje blanco. Sin embargo, también existen cisnes negros, concretamente en Australia.
Pero el más común en todo el mundo es el blanco, de cuello flexible, con un pico anaranjado provisto de un tubérculo negro, y que a veces arquea sus alas de forma agresiva emitiendo un grito amenazador, unas veces un canto fuerte y agudo y, otras veces, débil y grave.
Mitos y leyendas
En Occidente, símbolo de pureza y perfección, a imagen del blanco inmaculado de su plumaje, fue inspiración de poetas, filósofos y psicoanalistas. Sin embargo, si bien este pájaro estaba cargado de sentido en la mente de aquellos hombres, sorprendía y estimulaba su imaginación, parece ser que, de nuevo, fueron los pueblos de Asia los que le atribuyeron los símbolos más hermosos: prudencia, coraje, nobleza, elegancia, belleza y, por supuesto, pureza.
Fue también su belleza la que le valió convertirse en uno de los atributos de Apolo, o ser escogido por el mismo Zeus, quien tomó su apariencia para seducir a Leda. Finalmente, es de destacar que su grito fue a la vez considerado un canto de amor y un canto de muerte y que La muerte del cisne -coreografía compuesta sobre el andante del Carnaval de los animales de Camille Saint-Saéns e interpretada por primera vez por la bailarina estrella rusa Anna Pavlova en San Petersburgo, en 1907- es todavía una de las creaciones más hermosas del ballet del siglo XX.




