La cigüeña

La cigüeña vuela alto, y aun más, muy alto. De manera que la especie que procede de Siberia y se dirige hacia la India, sobrevuela las cimas del Himalaya a más de 6.000 metros de altitud. Esta ave pertenece a las llamadas aves zancudas, es decir, provistas de largas patas, cuello largo y casi siempre también un pico largo.
Es, pues, un magnífico animal migratorio, de plumaje blanco y negro, con un pico efectivamente largo y rojo, que en invierno vive en África central y austral, y en verano va hacia la India, como ya hemos dicho, o bien hacia Europa o a los países del Oriente Medio, en función de las especies. Las cigüeñas no tienen ningún problema para anidar en las ciudades, sobre los tejados de las casas y a veces, incluso, en las chimeneas. Al menos es lo que hacían antiguamente.
Puesto que, síntoma de los tiempos modernos y al igual que muchas aves migratorias, cada vez tienden más a desertar de las ciudades europeas donde, hasta hace poco, eran familiares.
Mitos y creencias relacionados con esta ave
Sea en Europa o en Asia, la cigüeña siempre se consideró un ave de buen agüero, símbolo de fecundidad, de felicidad filial, de riquezas y, por supuesto, de concepción. En efecto, en todo el mundo, muchos cuentos y leyendas la consideran la buena mensajera que anuncia un nacimiento o bien, simplemente, trae ella misma un bebé recién nacido envuelto en un retal de ropa banca que sostiene en la punta de su largo pico. Para los romanos, se trataba de una representación de Juno,
esposa de Júpiter, es decir, la Hera de Zeus en la mitología griega. Así pues, era una personificación del gran principio femenino.




