El avestruz
El avestruz es un ave muy curiosa: no vuela, pero corre muy deprisa gracias a sus patas, que tampoco carecen de originalidad, ya que sólo poseen dos dedos; y, por otro lado, tiene un largo cuello. Su nombre es un compuesto de ave y struz, que viene del griego struthion, forma abreviada de la palabra struthiokamelos (compuesto a su vez de struthos, gorrión, y kamelos, camello, es decir, pájaro-camello).
Mitos y creencias
En África y en el Próximo Oriente, durante el neolítico -es decir, en el IX milenio antes de nuestra era aproximadamente-, el avestruz tenía un papel muy importante, puesto que se utilizaban las' durísimas cascaras de sus huevos como recipientes, pero también para confeccionar «perlas» y ornamentos. Más tarde, en el antiguo Egipto, la pluma de avestruz se convirtió en atributo de la diosa Maát, gran figura simbólica de la armonía cósmica, del orden universal, de la continuidad de la vida manifiesta, de la Justicia y de la Verdad. Esta divinidad se consideraba la hija de Ra, el Sol, y llevaba una pluma de avestruz encima de la cabeza. Durante el Juicio de los muertos, en el momento de la pesada de las almas de los difuntos, la pluma que se ponía en el otro plato de la balanza era una pluma de avestruz. Se caracteriza por su capacidad extraordinaria para tragarse todo lo que encuentra a su paso y por una llamativa propensión a esconder la cabeza en caso de peligro. En el lenguaje coloquial se habla de «practicar la política del avestruz» cuando se hace referencia a alguien que se niega a ver los problemas o a afrontar las dificultades.





