¿Qué es la adivinación?

Puede parecer absurdo plantear esta pregunta en un mundo donde todo parece previsto, organizado de antemano y donde no se deja nada al azar. Podríamos disertar largamente sobre la adivinación, pues ésta existe desde que el mundo es mundo, hasta tal punto que lo divino y el adivino parecen siempre haber formado parte integrante del pensamiento y de la mentalidad del ser humano. Si queremos encontrar referencias históricas sobre la adivinación y la observación del cielo y las estrellas, puesto que siempre hemos necesitado tener presente una cronología, no tenemos más que citar al astrónomo y sacerdote caldeo Beroso, que también era historiador y que emigró de Babilonia a Grecia en el año 300 antes de Cristo aproximadamente, donde fundó la primera escuela de astrología, en la isla de Cos.

Respecto a la adivinación, ya estimaba que se podía remontar hasta 490.000 años atrás… Pero no fue el único en enunciar este número de años. Cicerón, el filósofo romano, del siglo I antes de nuestra era, y Plinio el Viejo, el naturalista y escritor latino del siglo I de nuestra era, coincidían en que esas ciencias se remontaban hasta 480.000 años. En cuanto a Diodoro Sículo, historiador griego contemporáneo de Cicerón, pensaba, con más modestia, que se podía valorar en 473.000 el número de años que separaban a su época de las primeras apariciones de la adivinación. Sin duda alguna, nada nos permite confirmar dichas estimaciones. Pero tampoco nada nos autoriza a invalidarlas; pues parece que la noción de divino y la adivinación, que siempre le acompaña, han estado presentes en la historia de la humanidad, por más lejos que nos remontemos en el tiempo.

El oráculo de la adivinación y la investigación científica
Pero volvamos a los tiempos presentes e intentemos comprender en qué consiste la adivinación y qué la diferencia de la experiencia científica, la cual, por razones conocidas, es la única referencia tangible para nosotros. Para ello, tomaremos un ejemplo muy sencillo y, en este caso, no criticaremos en absoluto la observación científica, que tiene sobradas razones para existir y de la cual nuestro mundo moderno tanto se ha beneficiado de sus numerosas e indudables ventajas.

No se trata, insistimos, de oponer el oráculo de la adivinación a la observación científica, sino de intentar demostrar que una y otra proceden de dos puntos de vista diferentes, no opuestos, y quién sabe, tal vez incluso complementarios. Porque, histórica y cronológicamente, no se puede negar que el oráculo de la adivinación no sólo ha precedido a la experiencia científica, sino que también fue el origen de la ciencia de los presagios, los cuales pueden considerarse la primera organización metódica y científica del mundo y, consecuentemente, precursora de las ciencias modernas.

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