La ailuromancia

La ailuromancia: o ciencia de los presagios relativos a los gatos

manciasDe noche todos los gatos son pardos, dice el proverbio, lo que nos viene muy bien, puesto que hay quien cree que cuando un gato pardo, o gris, surge en medio de la noche, resulta de muy buen agüero para la persona que lo ve.
Según lo que se sabe o se cree saber, hace 40 o 45 millones de años aproximadamente, durante el período llamado eoceno —en que tiene lugar, entre otras cosas, la separación de América del Norte y América del Sur, debida al hundimiento de América Central, que probablemente se hundió a causa del mar, y la formación de barreras, islas, bancos de coral, el desarrollo de las aves y la aparición de muchas especies nuevas de mamíferos-, aparecieron los miácidos. Estos pequeños animales carnívoros vendrían a ser los lejanos antepasados de los osos, lobos, hienas, comadrejas, mapaches… ¡y de los gatos!
Sin duda alguna, hay que ponerle mucha imaginación para ver en estos animales, tan conocidos actualmente y tan diferentes, un antepasado común, que en el fondo es el antepasado de todos los carnívoros. Y lo que aún es más, los enamorados incondicionales de los gatos domésticos, existentes en todo el planeta (en 1990 se contaban más de 400 millones en el mundo), son incapaces de poner su gato al mismo nivel que el lobo o la hiena, por ejemplo, de los que no se puede decir que despiertan la misma simpatía en hombres y mujeres.

Bastet, la Diosa gata del antiguo Egipto

La domesticación del gato por parte del hombre sigue siendo un misterio. No poseemos ninguna prueba tangible de las razones que empujaron los gatos salvajes a acercarse al hombre, o bien los hombres a domesticarlos. Pero hay que constatar que, desde hace 12.000 años, el gato y el hombre se aprecian. Se cree que a mediados del siglo xviii antes de nuestra era, justo antes del nuevo Imperio de Egipto, se eligió una gata para representar a la diosa Bastet, divinidad que presidía los nacimientos y que, hasta entonces, se había representado con una leona. Sin embargo, existía también otra diosa, la temible Sekhmet, cuyo nombre significaba «la fuerza», divinidad guerrera y destructora, que no sólo no daba la vida sino que sembraba la muerte a su paso, según las creencias egipcias, y que se representaba asimismo mediante una leona. Sin duda, los egipcios escogieron una gata para representar a Bastet y diferenciarla de Sekhmet. Aveces, la primera se puede ver bajo la forma de una mujer con cabeza de gato, otras bajo la apariencia de una gata de cuerpo delgado, de la especie llamada Felis silvestris libyca o gato africano. Bastet, que era musical, alegre y fecunda, era una divinidad hermosa y buena.

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