La magia de las hierbas y las flores
Una planta no necesita ser rara para ser mágica. Algunas de las más comunes malezas tienen nombres fascinantes, por ejemplo, las cabezas de las pequeñas flores amarillas llamadas Gold of Pleasure (Carmelina Sativa), un nombre que al instante evoca las praderas iluminadas por el sol. Nombres como la bergamota, el coriandro y el romero nos traen a la mente la antigua botica, con sus jarras, popurrís y pomas, y los venerables herbarios, proporcionan una increíble variedad de nombres de hierbas autóctonas, muchos de los cuales contienen las claves de sus propiedades mágicas.
Aquí no me interesa hablar de la utilización médica de las hierbas, sino de sus más sutiles y ocultos secretos, o lo que podría denominarse magia verde. Hay quien lo llama floromancia, palabra que solo se refiere a la adivinación con flores.
Si quiere llevar a su casa un aroma de la antigua sabiduría de las boticas, las pomas antes mencionadas resultan bastante fáciles de hacer. Consisten en una naranja seca con especias de clavo ensartadas en su piel, que además de exhalar una fragancia aromática, repele las polillas de la ropa.
Coja una buena naranja fresca con la piel no demasiado gruesa y una buena cantidad de especias de clavo. Después vaya clavando los clavos en la piel de la naranja hasta que quede completamente cubierta. Hay quien prefiere hervir antes un poco la naranja a fuego lento para ablandarla. Cuando tenga todos los clavos que pueda y su piel esté completamente cubierta, póngala en algún sitio cálido, pero no caliente, a secar. Un aparador aireado, por ejemplo, servirá perfectamente, y la naranja tardará aproximadamente una quincena en secar. Se la puede decorar con una cinta de colores, que también servirá para colgarla, o bien guardarla en una gasa fina o redecilla atada con una cinta. Guardadas en un lugar seco, esa poma durará mucho tiempo y conservarán su fragancia.
Las brujas-blancas, mujeres sabias o herbolarias formaban parte de la vida de los pueblos antiguos, con su jardín lleno de fragantes y curiosas hierbas. Es probable que en su jardín también habitara un sapo, que según las habladurías del pueblo se trataba de un espíritu ayudante de las brujas, aunque su verdadera función fuese mantener a raya las plagas de insectos, que son su alimento. En realidad, se trata de una inteligente e inofensiva criatura amiga de los jardineros, a pesar de todas las siniestras leyendas que existen sobre ella. Aunque con toda probabilidad, el jardín de las mujeres sabias estaba lejos de ser pulcro, debía ser un lugar mágico, lleno de aromas, colores y misterio.
Nosotros también podemos tener un jardín mágico capaz de atraer la buena suerte, si aprendemos algo de la antigua cultura de las plantas. Por ejemplo, podemos fomentar perfumes agradables como el de la lavanda, el romero, la salvia y el tomillo: el dulce aroma del éxito no sólo es una figura literaria, y podemos, también, cultivar las plantas del sol, es decir aquellas que están bajo dominio astrológico del sol. El sol es el portador de la vida, la fuerza y la luz. Se dice que una persona feliz es un sol, precisamente la influencia que aportarán las hierbas solares en su jardín.




