Advertencias e indicaciones

rituales con velasAl poner en escena cualquier ritual mágico debemos circunscribirlo en un marco de formalidad y ortodoxia, que debemos establecer a través de una normativa que, en el caso que nos ocupa, podría atenerse a las siguientes reglas o artículos:

1. Usar sólo una vela para cada súplica. Dicho de otro modo, no es lícito emplear la misma vela en busca de obtener diferentes gracias o auxilios. Cada ceremonial requiere una vela distinta.

2. Queda al libre albedrío del oficiante escoger la forma geométrica de la vela en el momento de escenificarse el rito —cuadrada, piramidal, grabada, etc.—, si bien es de justicia advertir que una vela común y corriente, como la que utilizamos frente a la carencia de electricidad, obra de igual manera que otra más sofisticada. Ello pone de manifiesto que la apariencia externa de ese elemento primordial no es determinante por lo que al éxito de la ceremonia se refiere, ya que éste dependerá únicamente de nuestra entrega, recogimiento, y de un respeto escrupuloso, y una firme conciencia de que actuamos en nombre del bien y de la luz.

3. Es aconsejable, dado el sentido místico-mágico pretendido con el ritual que se va a llevar a cabo, prender con una cerilla un cirio prendiendo luego con él cada una de las velas del altar. Al finalizar el ritual apagar las velas no soplando, sino ahogando la llama en el interior de un apagavelas.

4. Auxiliar indispensable a efectos de una realización más intensa y profunda del ritual es la presencia del incienso, cuyo aroma no sólo purifica el ambiente sino que ayuda a establecer una vía mística de contacto entre quien se dispone a formular la súplica y los poderes superiores que van a ser invocados.

5. Al igual que para nuestras realizaciones profanas —lectura, televisión, estudio de trabajo, etc.— solemos disponer de una estancia adecuada para tales menesteres, nos es necesario —aunque no estrictamente imprescindible— que dispongamos de una habitación lo más acorde posible con el ritual mágico que realizamos a través de las velas. Como uno de los elementos indispensables para escenificar el rito es la concentración, deberemos elegir el habitáculo más alejado del mundanal ruido, el lugar idóneo que propicie nuestro recogimiento. Ello redundará en beneficio del oficiante a la hora de conectar su magnetismo en la dirección adecuada para que se dirija hacia el segmento de la luz con toda su fuerza y poder.

6. La mesa donde van a depositarse los elementos físicos —vela e incienso, y representaciones de las fuerzas de la naturaleza mágica: fuego, tierra, agua y aire— puede ser de diferente forma o tamaño pero, teniendo muy presente que si lo que ahora vamos a utilizar como altar tiene otros usos domésticos, deberá cubrirse con un manto o tela, a fin y efecto de proteger el magnetismo al que posteriormente será expuesta. Me inclinaría por recomendar para tal menester un tejido de algodón, hilo o seda, así como que la mesa se emplee tan sólo para los ritos mágicos de las velas desconectándola de cualquier otra actividad profana.

7. Si en el momento de iniciar la ceremonia echamos en falta una vela de un color determinado siempre podemos recurrir a una blanca, acto éste que nunca se podrá invertir sustituyendo una vela blanca por otra de color. De igual modo, ante la carencia de incienso de aroma específico, se le puede sustituir por el normal o el litúrgico. Si por cualquier causa ha de trabajarse sin incienso, ello no será obstáculo para la realización del ritual, ya que el único elemento imprescindible para ello es, lógicamente, la vela.

8. Vuelvo a reiterarme sobre el punto 6, en que sobre la mesa o altar debe existir una representación de los cuatro elementos básicos de la naturaleza mágica: fuego, tierra, agua y aire. Fuego y aire están escenificados en la propia vela, el agua puede estar presente en un recipiente que la contenga, derramando en su interior una cucharadita de sal. Y por lo que a la tierra se refiere, nada mejor que un puñado de ella para representarla.

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