Acto seguido, espolvorearemos sobre el montón de sal la cucharada de canela.
Tomaremos los cuatro granos de sal gorda con la mano derecha y alzando la izquierda, diremos:
Amada Frey, en tu nombre convoco a las cuatro estaciones en las que reinas.
Primavera, tal y como haces florecer a la naturaleza, haz que nazca en mí la seducción.
Verano que calientas a todo lo que existe, haz que pasión impregne todos los actos de mi vida.
Otoño, tú que cubres con un manto dorado la tierra que pisamos,
haz que dicho manto proteja todas mis acciones cotidianas.
Invierno, tú que preservas y congelas el tiempo,
haz que mi belleza permanezca siempre inalterable.
Tras la invocación, depositaremos sobre la cúspide de la montaña de sal los cuatro granos de sal gorda.
Seguidamente, la plegaria irá dirigida a los cuatro elementos. Tomaremos las cuatro flores de azahar entre las palmas de las manos y diremos:
Adorada Frey, tú que gobiernas la tierra, intercede por mí y haz que la pasión que inspire sea duradera.
Valorada Frey que esparces tu encanto por el aire, permite que mi carisma impregne todos los rincones.
Apreciada Frey que emerges de las profundidades de las aguas,
haz que mis encantos tengan la hondura de los océanos.
Idolatrada Frey que consumes como el fuego el corazón de tu amado Odín
haz que el ímpetu de la pasión que despierte sea tan ardiente como las brasas.
A continuación besaremos las cuatro flores y las colocaremos rodeando el montón de sal.
Finalizando ya el ritual, tomaremos la pluma de ave y con ella dibujaremos la inicial de nuestro nombre sobre el montículo de sal mágicamente preparado, convocando a la diosa Frey en este acto y pidiéndole que parte de su energía se anexione con la nuestra. Acto seguido, ayudados de la cucharilla de plata, rellenaremos el saquito con la mágica mezcla, lo cerraremos con ocho nudos y lo llevaremos siempre junto a nosotros.
Es conveniente que el primer día de cada solsticio y equinoccio del año enterremos una manzana roja en el bosque y sobre su tierra encendamos una vela de miel en honor a la generosa Frey, agradeciéndole los favores recibidos y rogándole que nunca nos abandone.
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